José Luis Benítez, el guardián del vino

jueves, 2 abril 2020

José Luis Benítez, el guardián del vino

Comenzó en el mundo de la cerveza. Pero varios quiebros del destino le llevaron a desempeñar distintos trabajos, donde conoció a personas que le transmitieron valiosas experiencias y conocimientos. Y gracias a ese bagaje, terminó aterrizando en la Federación Española del Vino, desde cuya dirección general se enfrenta al Brexit, los aranceles de Estados Unidos, el cambio climático o “las políticas antialcohol”.

Miguel Bidegain
Pamplona - 8 febrero, 2020

Benítez asistió recientemente a los Foros de El Toro. (Fotos: Víctor Rodrigo)

José Luis Benítez tiene 56 años y nació en Madrid, donde estudió la carrera de ingeniero agrónomo en la Universidad Politécnica. “Las letras no me interesaban mucho” y, en una familia donde predominaban las ciencias, debía aspirar a una ingeniería. “Industriales, telecomunicaciones o aeronáutico se me hacían muy cuesta arriba, la física la he odiado siempre y una amiga me dijo que iba a hacer agrónomo. Miré el programa de la carrera y me pareció bien, era un poco ‘mix’ y tenía una relación con el campo que me atraía a pesar de ser de ciudad y no tener ninguna vinculación con la agricultura ni fincas. Éramos absolutamente urbanos”.

Al terminar en 1988 tuvo ofertas profesionales, algunas tan interesantes como la que le planteó Arthur Andersen desde el entonces incipiente mundo de la auditoría. “Les di calabazas y es algo que me he planteado siempre. Me pregunto si no debería haberme quedado ahí”, señala elevando teatralmente las manos. “Quizá por romanticismo pensé que siendo ingeniero agrónomo tenía que ir a algo más vinculado al campo”. Y el hoy responsable de la patronal del vino lo consiguió a través de… ¡la cerveza!

La oportunidad le llegó de la única empresa que se dedicaba en España a la comercialización del lúpulo: Fomento del Lúpulo, situada en el municipio leonés de Villanueva de Carrizo. En su origen, fue una concesión administrativa del franquismo a una sociedad anónima creada por empresas del sector cervecero. Porque en la posguerra ni se cultivaba lúpulo ni se podía importar al no haber divisas. Y sin lúpulo no hay cerveza. La casualidad quiso que ocupara la presidencia de esta empresa quien entonces era consejero delegado de la cervecera La Cruz del Campo -hoy Cruzcampo-, Pepe Ruiz de Castroviejo. 

Aunque hoy dirige la patronal española del vino, sus inicios profesionales se centraron en la cerveza.

“Era un ingeniero agrónomo que había trabajado con lúpulo. Le tenía querencia. Y aunque la intención era más bien cerrar la sociedad e importar lúpulo, este hombre propuso contratar a alguien para formarle, que modernizara el cultivo y la empresa en vez de dejar que se muriera”, rememora.

La oferta era para trabajar en el campo de la mejora genética de la cebada, se documentó y acudió a la entrevista con Ruiz de Castroviejo. “Después de un rato a vueltas con las investigaciones y la genética, que yo intentaba regatear como podía, me dijo: ‘José Luis, en realidad no quería hablar contigo de esto, sino del lúpulo’. ¡Ni me acordaba de lo que había visto en la carrera sobre el lúpulo! No tenía ni idea, eché balones fuera… Pero el caso es que me contrataron como director técnico”, recuerda con un divertido gesto de estupor.

Comenzó su andadura profesional en una empresa que comercializaba lúpulo.

Comenzó su andadura profesional en una empresa que comercializaba lúpulo.

Pasó sus dos primeros años viajando por Alemania, Reino Unido, Estados Unidos o Australia para prepararse y emprender un proceso de mejora en el que trabajó desde el 1 de agosto de 1989. Al prejubilarse su director general, en 1994, la empresa  le ofreció el cargo. Comenzó por fusionarla con otra sociedad transformadora del lúpulo: “Fue un máster en gestión empresarial y fusiones sobrevenido, tuve la suerte de trabajar con un abogado muy bueno del despacho de Joaquín Garrigues y la verdad es que aprendí un montón”. Era el primero de una serie de encuentros profesionales, que fueron “como unos másteres en vivo, una formación digamos que en directo que no es tan normal y que me vino muy bien”.

DE LA CERVEZA AL VINO

Con apenas 30 años se encontró en un consejo de administración “en el que por estas cosas del romanticismo histórico de la sociedad del lúpulo, en vez de llevarlo los técnicos de las cerveceras estaban allí los dueños. ¡El presidente del consejo de administración era el de Mahou!”. Ese fue su segundo máster práctico.

“Creo que, aparte de la actitud y la aptitud, en la vida influyen mucho las personas con las que te toque lidiar”.

Vivía en León, donde se casó con una logroñesa, y allí nacieron sus tres hijos. “Estaba un poco cansado del trabajo, esa es la verdad, se me hacía monótono y tampoco le veía mucho futuro”. Entonces le ofrecieron la gerencia de una antigua cooperativa de Oyón que había quebrado, Bodegas Marqués de Vitoria, que pasó a ser del Grupo Faustino Martínez.

“Querían hacer una prueba con un gerente ajeno a la familia al frente de la bodega. Ahí empezó mi andadura en el mundo del vino, del que tampoco conocía nada. Aprendí mucho con ellos y, al cabo de dos años, me ofrecieron la gerencia de Bodegas Bretón. Ahí estuve ocho años”. Era un grupo “un tanto desordenado”, propiedad de accionistas riojanos y encabezado por Pedro Bretón, un pequeño promotor y constructor que atrajo al negocio a gente que trabajaba con él, fontaneros, electricistas… “Fue interesante y peliagudo porque me encontré una deuda elevada, un centro de producción en Logroño y otro en Navarrete, en el que se habían embarcado sin saber muy bien qué iban a hacer. Una época estupenda, mejoramos mucho, exportamos, potenciamos el enoturismo y recuperamos el prestigio”.

La bodega formaba parte de la principal asociación del sector, el Grupo de Exportadores y Criadores de Rioja, hoy Grupo Rioja, y Benítez acudía a las reuniones de su comisión ejecutiva: “¡Otro máster! Yo era un mindundi y allí me encontré con monstruos del mundo del vino: Víctor Pascual, Fernando Salamero, Manolo Villegas, Pepe Hidalgo, Javier Echarri… Gente de mucho peso que me pidió que fuera el representante del grupo, como vocal, en el pleno del Consejo Regulador del Rioja”. Víctor Pascual “que era todo en el vino de Rioja y presidía el Consejo Regulador, confió en mí y me pidió que presidiera la Comisión de Promoción, que era la más importante, donde todas las bodegas de Rioja aportaban muchísimo dinero porque les interesaba aquello”.

“Hemos sido terriblemente complicados con el mensaje del vino con todo eso de catarlo, el aroma y no sé cuántos conceptos técnicos”.

APTITUD, ACTITUD Y PERSONAS

Eso le da pie para comentar que “aparte de la actitud y la aptitud, en la vida influyen mucho las personas con las que te toque lidiar”. E insiste en la “suerte” de haber tenido como maestros a personas como Ruiz de Castroviejo, Julio Faustino Martínez o Pedro Bretón. Y Víctor Pascual, quien le planteó que se hiciera cargo del Grupo de Exportadores y Criadores del Rioja, hoy Grupo Rioja. El anterior gerente llevaba muchos años y quería una persona que le diera un nuevo aire. Coincidió que, por aquel entonces, además de llegar la crisis, falleció Pedro Bretón. Su primer encargo fue trabajar para que el grupo volviera a la Federación Española del Vino (FEV), que había abandonado por desavenencias. Acudía a las reuniones de la comisión ejecutiva de la FEV con la ventaja sobre otros miembros de que, en general, trabajaban en bodegas, mientras Benítez representaba a una gran asociación y estaba habituado a tareas similares a las que hacía la FEV. En 2016 le ofrecieron, finalmente, hacerse cargo de la dirección general de esta, aceptó y eso le permitió volver a Madrid.

La FEV es la única asociación de carácter nacional de un sector, el vinícola, caracterizado por su atomización. En España hay casi 4.000 bodegas comercializadoras, de las que más de 700 son socias de la federación. Y estas facturan el 75 % del vino envasado en España. Es, de alguna forma, el órgano interlocutor de las bodegas con la Administración.

A lo largo de su carrera, ha aprendido de grandes empresarios del sector.

A lo largo de su carrera, ha aprendido de grandes empresarios.

El vino no vive su mejor momento. Arrastra una caída de consumo que, en los últimos 30 años, ha pasado de 40 litros anuales por persona a 16. Y debe hacer frente a la gran amenaza del cambio climático o a la incógnita del Brexit y los aranceles de Estados Unidos. José Luis Benítez es consciente de los retos que debe afrontar y lo hace con buen ánimo.

Le preguntamos si, quizás, el vino tiene una imagen algo anticuada y si eso hace que los jóvenes prefieran una cerveza, cuya imagen juega la baza de la modernidad: “Es por dinero, yo soy muy pragmático. Desde hace tres años y a regañadientes de muchos, porque es una cuota obligatoria, el sector del vino está invirtiendo en promoción colectiva alrededor de 3 millones de euros. A eso habría que sumar lo que invierten las bodegas directamente. ¿Cuántos anuncios de vino ves en televisión? ¿Y de cerveza? Es que las cerveceras son grandísimas empresas, que invierten muchísimo en comunicación. Solo Heineken destina 50 millones a promoción pura y dura, mientras todo el sector del vino no llega probablemente ni a 10”.

“Tenemos una amenaza muy grave, no sé si incluso más que el cambio climático: las políticas antialcohol que pretenden hacer del vino el nuevo tabaco”.

Añade que “hemos sido terriblemente complicados con el mensaje del vino con todo eso de catarlo, el aroma y no sé cuántos conceptos técnicos. Lo hemos rodeado de un halo de misticismo, solo se tiene en cuenta el vino top, de terruño y de no sé qué, ignorando que también es un producto de consumo. Hemos dificultado el acercamiento de los jóvenes, y la cerveza ha optado por la sencillez… Y eso que en los últimos tiempos empieza a utilizar atributos del vino: que si en barrica, que si maduración…”

TALIBANISMO POLÍTICO

Más complicado, mucho más complicado, es plantear una estrategia para hacer frente a los efectos del cambio climático en el cultivo de la vid. No esconde que “en España nos va a afectar muchísimo, quizá no tanto aquí como en el sur, el centro o el Mediterráneo”. Y recuerda que la FEV entregó hace ya un año al ministro de Agricultura un plan de lucha contra el cambio climático en el viñedo, “que plantea medidas buscando la adaptación del cultivo, la mitigación de emisiones de CO2 y la formación de viticultores y bodegueros”. Pero Benítez advierte de otro reto “muy grave, no sé si incluso más que el cambio climático, las políticas antialcohol que pretenden hacer del vino el nuevo tabaco”.

Le sugerimos un contraataque, con el argumento de que los dietistas aconsejan un consumo moderado dentro de la dieta mediterránea: “Lo intentamos, pero te sorprendería saber el grado de talibanismo que hay no en la OMS, sino en el Ministerio de Sanidad o en la consejería de salud de alguna comunidad”.

El director general de la FEV se muestra preocupado por las políticas antialcohol.

El director general de la FEV se muestra preocupado por las políticas antialcohol.

¿Y el Brexit? “El riesgo era la ruptura abierta y eso parece que se va encauzando. Por nuestra parte, llegamos a una serie de acuerdos con la organización británica homóloga a la nuestra, que esperemos que se repliquen en el acuerdo definitivo de salida siempre y cuando a Reino Unido no le dé por aplicar aranceles. Eso sí que sería un problema”. Y como final, saca una carta que esconde en su manga: “Los ingleses son los primeros consumidores de vino español del mundo, y no creo que vayan a dejar de consumirlo de la noche a la mañana”. Brindamos por ello.

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