«Mi padre se llama Juan José María Martínez. A mí me quitaron una de esas palabras y me quedé solamente con José María», apunta nuestro protagonista entre risas. El nombre no es lo único que heredó de su progenitor. Trabajaba como encargado de mantenimiento en una fábrica de café, y en casa siempre tenía herramientas de todo tipo: «Lo veía y decía que quería ser un manitas, igual que él».
De hecho, cuando su familia adquirió una finca, le ayudó a levantar muros e instalar el sistema eléctrico. «Creo que allí empecé a entender que construir no es solo juntar piezas, sino dar sentido al espacio», medita mirando un punto invisible en el aire, como si aún divisara aquel campo, el polvo suspendido en los rayos del atardecer y la voz de su padre dictando consejos desde algún rincón.
Aquella curiosidad por entender cómo funcionaban los engranajes del mundo le llevó a estudiar una FP de Mecánica en Logroño, su ciudad natal. Formación que más tarde amplió con la carrera de Ingeniería Mecánica en la Universidad de La Rioja. Durante aquellos años, compaginó sus estudios trabajando en el sector hostelero. «Servir bebidas también tiene sus mecanismos», bromea. Quizá por eso decidió poner en marcha su propio bar de copas junto con un socio. El establecimiento pronto se convirtió en otro tipo de taller: uno donde, en lugar de herramientas, se pulían historias.
Pero, como todo ciclo, aquel también llegó a su fin. Tras cerrar el bar, José María volvió a su terreno natural: la mecánica. Durante un año trabajó en una compañía especializada en matricería, donde las máquinas rugían para fabricar piezas metálicas que cobraban vida entre chispas y planos milimetrados. Aquella experiencia le devolvió el pulso del oficio, la disciplina del detalle y la satisfacción por el trabajo bien hecho. Hasta que, en 1999, su camino dio un nuevo giro: fichó por Salcedo Muebles, una firma en la que pondría en práctica todo lo aprendido.
CRECER CON LA EMPRESA
La compañía, fundada en 1924 en el pueblo riojano de Torrecilla, inició su andadura con la fabricación de sillas de madera. Con el tiempo, su actividad fue ampliándose hasta especializarse en mobiliario de hogar. La empresa prosperaba, y entonces surgió la necesidad de trasladar la sede para responder a la demanda creciente. Logroño, quizá por cercanía, se presentó como la opción más lógica. Sin embargo, tras muchas deliberaciones, la localidad elegida fue Viana, en la vecina Navarra, apenas a unos kilómetros de la frontera riojana. «Fue una decisión valiente. De hecho, justo aquí al lado se construyeron bloques de viviendas para los cuatrocientos empleados. Seguro que los habéis visto viniendo por la carretera, ¿os habéis fijado?», pregunta. Asentimos, recordando las hileras de casas que hemos divisado apenas unos minutos antes.
En 2008, la crisis de la construcción y el sector del mueble golpeó con fuerza. La familia fundadora de Salcedo Muebles, que durante décadas había guiado el rumbo de la empresa, decidió no continuar al frente del negocio. Así, buscó fórmulas para mantener viva la fábrica, y una de las opciones que se planteó fue convertirla en una cooperativa. Aquella idea simbolizaba la voluntad de no rendirse. El proceso no fue sencillo: hubo que reestructurar la plantilla y ajustar recursos. «En estas circunstancias, el apoyo de Asociación de Empresas de Economía Social de Navarra (ANEL), Sodena, Coingest y el Gobierno foral fue clave», rememora agradecido.
Actualmente, la firma factura alrededor de 7 millones de euros y suma setenta empleados en plantilla. Cifras que, más allá de los números, reflejan la constancia de un equipo que ha sabido reinventarse sin perder su esencia. En ese proceso de transformación, José María ha recorrido prácticamente todos los peldaños de la empresa. Empezó como diseñador en la Oficina Técnica, un puesto desde el que aprendió de primera mano la importancia del detalle y la precisión en cada proyecto. Más tarde asumió la jefatura de la Oficina Técnica; la Dirección de Producción; y, posteriormente, la Dirección de Operaciones. Además, desde hace diez años ejerce como gerente: «Llevo media vida en la compañía y estoy más que feliz. Vamos por buen camino. De hecho, hemos duplicado la facturación e invertido 3 millones en nuestra planta para modernizar maquinaria y mejorar procesos».
INTERNACIONALIZACIÓN
En concreto, Salcedo Muebles se enfoca en productos de salón, comedor y dormitorio de matrimonio. Esto incluye sillas, mesas, cabeceros de cama, armarios, estanterías… «Trabajamos con quince acabados diferentes», explica mientras pasa la mano por uno de los muebles expuestos en la sala de muestras.

Con sede en Viana, Salcedo Muebles factura unos 7 millones de euros al año y exporta el 20 % de su producción.
«El sector está cambiando, y también las preferencias de los usuarios. En la actualidad se buscan muebles más económicos, sobre todo porque las personas prefieren destinar dinero al ocio u otros ámbitos. Aun así, exportamos más del 20 % de nuestra producción», puntualiza segundos antes de mencionar países como Francia, Malta, Portugal, Reino Unido, Andorra, Grecia y Bélgica. «Estamos intentando asentarnos también en Estados Unidos y Colombia«, añade.
A sus 52 años, José María combina la serenidad de la experiencia con la curiosidad intacta de quien sigue disfrutando de aprender. La música ocupa buena parte de su tiempo libre: es un apasionado del rock y del heavy metal, géneros que lo han acompañado siempre. «Algún día aprenderé a tocar la guitarra, pero lo dejo para cuando me jubile», confiesa entre risas. Fuera del trabajo, también disfruta del cine, aunque reconoce que ya no acude a la gran pantalla con tanta regularidad: «¡Con esto de Netflix el panorama ha cambiado mucho!».













