Hace dos mil años, los romanos ya cultivaban olivos en las tierras rojizas de Cascante. Aquel legado milenario marcó la economía del municipio durante siglos. Así, en la década de los 60, el pueblo ya contaba con diecisiete almazaras y un fructífero negocio alrededor de este producto. Pero todo cambió cuando se extendió el mito de que «el oro líquido» era perjudicial para la salud. Los olivos se arrancaron, las fábricas cerraron, las tierras acogieron nuevos cultivos como el espárrago o el cereal y la leña de estos árboles comenzó a cotizar al alza. Precisamente, Joaquín Gómara y su hijo Martín formaron parte de esa transición, en la que se dedicaron a extraer olivos y vender su madera.
En 1998, solo una fábrica sobrevivía en el pueblo. Entonces, Martín, un apasionado de los viajes, recordó su paso por los modernos patios de limpieza de aceitunas de Andalucía y decidió dar un giro a su negocio para apostar por repoblar sus tierras. Sus hijos Martín, formado en Mantenimiento Industrial, y Mario, graduado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Pública de Navarra, supieron ver la oportunidad que se les planteaba y se unieron a él en la empresa familiar. Así nació La Casa del Aceite de Cascante.
«Construimos la fábrica en tres meses e instalamos el primer patio de limpieza del pueblo, lo que supuso un gran avance para los agricultores de la zona. Desde entonces hemos experimentado un crecimiento progresivo y hemos ampliado poco a poco las instalaciones. Diseñamos la planta pensando en procesar unos 500.000 kilos de aceituna al año y ahora llegamos a los 8,5 millones. Del mismo modo, empezamos trabajando con unos 300 agricultores y ya superamos los 2.200. La aceituna que empleamos proviene de nuestras 200 hectáreas de olivos y también de las cosechas de productores navarros que confían en nuestro trujal”, explica Mario, de 51 años, a Navarra Capital.
En este contexto, la plantación de olivos ha ido ganando terreno en Navarra. Según datos registrados en el Observatorio Agrario de Navarra, en 2010 la superficie de olivar suponía alrededor de 5.850 hectáreas en toda la Comunidad foral. En 2023, la cifra ascendía a 9.064 hectáreas (casi un 55 % más). «Es uno de los productos más rentables de la zona. Desde hace más de dos décadas en el norte se apostó por la plantación superintensiva, es decir, colocar los olivos a 4×1,5 metros, en vez de a 7×7. Esto permite entrar en producción antes y abaratar los costes de recolección y mecanización. La parte negativa es que la recolección es muy rápida y nuestras fábricas ya no son suficientes, se quedan pequeñas. Necesitamos más espacio para, en menos días, procesar más kilos», detalla el cascantino.
Por eso, los hermanos Gómara ya han iniciado el proceso de ampliación de sus instalaciones para «adaptar la fábrica a la nueva realidad del campo». Para Mario, el sector ha sufrido una evolución «enorme», ya que hasta hace diez años seguían presentes métodos «muy rudimentarios como el vareo»: «Esta década se ha comprobado que el sistema intensivo funciona y, unido a la crisis de la uva, muchos agricultores están apostando por el olivo. Esto nos ha llevado a necesitar ampliar la capacidad de recogida de aceituna diaria».
TRES ZONAS AMPLIADAS
En concreto, la ampliación de La Casa del Aceite, cuyas obras ya han comenzado, se efectuará en tres fases. Así, Mario prevé que las nuevas instalaciones estén listas en octubre, a tiempo para afrontar la campaña de recolección que comenzará a finales de ese mes.
Por un lado, se construirá una nave de 1.000 metros cuadrados colindante a la actual (de 11.047), que albergará numerosos depósitos con el fin de duplicar la capacidad de almacenamiento y superar los dos millones de litros de aceite.
En paralelo, la zona que antes hacía las veces de bodega dentro de la nave actual experimentará una reforma integral para acoger tres líneas y duplicar la capacidad de molturación diaria (proceso por el que se obtiene la pasta que contiene el aceite, la pulpa, la piel y los huesos de la aceituna). Por último, se implantará una nueva embotelladora de aceite, que permitirá multiplicar por cuatro la capacidad de envasado actual.













