Ocurre cada temporada en los campos de la Ribera navarra. Tras la cosecha, las verduras y hortalizas «se fugan» sin dejar rastro. Primero se esfuman los espárragos blancos. Después, los pimientos del Piquillo, las alcachofas o los tomates. Los agricultores son los únicos testigos de una huida que después queda registrada en cada frasco de conserva, entre cajas precintadas con cintas amarillas y negras de advertencia.
Bajo ese relato de misterio, diseño y sabor nace Frugitiva, una joven firma de conservas navarras fundada por Bera Bañales, mexicana de 34 años nacida en Guadalajara (Jalisco) y que terminó encontrando en Navarra mucho más que una nueva vida. «Estaba de vacaciones en México cuando conocí a un marcillés que me robó el corazón», explica a Navarra Capital. En 2018 se mudó a España y comenzó una etapa que, sin saberlo, acabaría llevándola hasta el mundo de la conserva gourmet.
Formada en diseño industrial y especializada en comunicación de moda y belleza, Bañales trabajaba en Madrid cuando la pandemia alteró sus planes. «Volvimos a Navarra buscando oportunidades y ahí me tocó conocer de lleno cómo la familia de mi novio hacía tomate en casa en temporada o cómo mi suegra asaba pimientos del Piquillo en el patio», recuerda. Aquella convivencia con la huerta ribera le hizo descubrir un producto que apenas conocía en México: «Ni siquiera conocía el espárrago blanco. Allí solo consumimos el triguero».
La primera idea no fue elaborar conservas, sino vender verdura fresca. Sin embargo, la logística y las dificultades de distribución le hicieron replantear el proyecto. «La conserva era mucho más amable para trabajar: permite pequeños lotes, mantiene el sabor y las propiedades durante años y, además, en esta zona había un auténtico boom conservero», relata.
Pero había otro aspecto que Bañales quería cambiar: «Toda la comunicación de la conserva era muy tradicional, muy seria. Parecía un producto que compraban los padres o que se regalaba siempre en el mismo formato». Desde su experiencia en diseño y marketing, decidió romper con esa estética clásica y apostar por una identidad mucho más atrevida. «Quería dar un giro a la comunicación, hacer algo más disruptivo y colorido», apostilla.
Así nació Frugitiva, un juego de palabras entre fruta y fugitiva que resume toda la narrativa de la marca. «Son verduras del campo que huyen de lo convencional sin dejar huella», remarca la fundadora. La idea mezcla el misterio con un mensaje de sostenibilidad: «No dejar huella también habla de usar el menor plástico posible, trabajar con cristal y cartón y cuidar la parte ecológica». De hecho, ese universo visual se refleja en cada detalle: etiquetas que recuerdan a carteles de «Se busca», contrastes entre tonos pastel, negro y rojo y acabados inspirados en botellas de vino premium.
APOYO DE UNA CONSERVERA DE VILLAFRANCA
La producción se realiza junto a un colaborador de Villafranca, donde elaboran pequeñas partidas con verduras locales procedentes de campos de Marcilla, la propia Villafranca y alrededores. «Ellos son expertos y nos ayudan muchísimo con el punto de cocción, especialmente del espárrago», señala. Los agricultores ocupan un papel central en la historia de la marca. Sus nombres aparecen en la parte frontal de cada bote porque, según Frugitiva, son «los primeros testigos de la fuga». «Ellos son la raíz del producto y quienes garantizan la calidad desde el inicio», apunta Bañales. La empresa trabaja con acuerdos de «largo plazo y precios justos», priorizando la relación con el productor «incluso cuando una cosecha no puede certificarse como ecológica».
El proyecto comenzó a gestarse en 2023 y se lanzó oficialmente en 2024, creciendo poco a poco y casi de forma artesanal. «La web, las fotos, el diseño… todo lo hicimos desde casa y según nuestras posibilidades», recuerda. Hoy, la empresa vende principalmente a través de internet y en tiendas gourmet de Navarra, Madrid, País Vasco, Murcia, Castilla-La Mancha, Castilla y León o la Comunidad Valenciana. Entre sus puntos de venta navarros destacan La Flor de la Ribera, Zaporeak Gourmet, Casa Urrutia y Erletxo- Sabores del Bosque.
Actualmente Frugitiva cuenta con nueve referencias, desde tomate frito, pisto o fritada piperrada hasta yemas de espárrago, corazones de alcachofa o cebolla caramelizada. La última incorporación ha sido una salsa picante con guiño mexicano. «Pensé que, si ya tenemos verdura de calidad aquí, ¿por qué no hacer una salsa picante de calidad con producto navarro?», comenta entre risas. El resultado ha sorprendido incluso a quienes no son aficionados al picante: «Hay gente que me dice que se la termina en una sentada».

Frugitiva cuenta con nueve referencias, desde tomate frito, pisto o fritada piperrada hasta yemas de espárrago, corazones de alcachofa o cebolla caramelizada.
Porque, aunque Navarra presume de huerta, fuera de la comunidad todavía queda mucho por divulgar. Bañales lo comprobó en mercados de Madrid, donde muchos clientes no sabían cómo cocinar un espárrago blanco o qué tenía de especial un corazón de alcachofa: «Me encanta ver cómo les cambia la cara cuando prueban el espárrago. No esperan una textura tan suave. Tanto que acabé apodándolo ‘la mantequilla de Navarra'».
La firma prepara ahora nuevos lanzamientos vinculados precisamente al universo picante y también sueña con abrir un espacio físico híbrido entre showroom, oficina y lugar de degustación. Un sitio donde mostrar el producto, organizar eventos y ofrecer regalos corporativos personalizados. Además, aspira con llegar al mercado europeo pronto. «Queremos demostrar que la verdura también puede ser un regalo gourmet atractivo y diferente», concluye.













