Infinitos pósits de todos los colores adornan la sala de reuniones. Naranjas, azules, verdes, amarillos, rosas… Cada rincón de la pared está cubierto por pequeñas notas cargadas de ideas, recordatorios, ocurrencias y planes. En el centro, una mesa acumula vasos de agua, cuadernos y carpetas. A su alrededor, ocho sillas esperan a que el equipo de BatVol, compañía especializada en soluciones eléctricas integrales, comience la habitual reunión de los jueves. Gonzalo y Maite Pérez, director comercial y directora general respectivamente, invitan a sus compañeros a tomar asiento, encienden la pantalla y, muy atentos, escuchan sus propuestas. ¿El objetivo? Seguir creciendo, superar límites y fomentar en el equipo una cultura de mejora continua para llevar la empresa un paso más allá.
Xabier Pérez, coach de LORTU Desarrollo Empresarial, enfocada en acompañar a empresas en su proceso de crecimiento y consolidación, se conecta a la videollamada desde Estados Unidos. Como de costumbre, saluda a cada uno de los empleados de BatVol y lanza una pregunta: «¿De qué estáis hoy agradecidos?». Pensativos, responden con calma. «Mi hijo se ha aclimatado bien al primer día de colegio», «Osasuna ganó el domingo», «este fin de semana son las fiestas de mi barrio»… Cada uno posee su propia motivación personal. Xabier asiente mientras escucha con una sonrisa, como quien sabe que detrás de cada respuesta cotidiana hay una energía valiosa que luego se transformará en compromiso, foco o simplemente buen ánimo. No interrumpe. Deja que hablen, que compartan. Porque, antes de pensar en objetivos, métricas o mejoras, está el equipo. Y el equipo también se construye desde lo humano.
POTENCIAR EL COMPROMISO
«Queríamos hacer algo diferente, potenciar el compromiso de las personas que trabajan en la compañía y escucharles. Por eso, hace tres años se nos ocurrió reunirnos una vez a la semana, repartirles por grupos y que cada uno de ellos traiga una idea de mejora», explican Maite y Gonzalo, que lideran BatVol desde el pasado 2019. Durante el relevo generacional llevado a cabo en la empresa, fue clave el apoyo de Joseba Pérez, CEO y fundador de LORTU. «Creíamos que podíamos aportar mucho a la empresa, estábamos formados y preparados para dirigirla. Así que nos pusimos las pilas», sonríe la directora general.
«Es importante entendernos para no estancarnos. Al fin y al cabo, todos somos BatVol»
Sentados en sus respectivas sillas, los hermanos Pérez prestan atención a las sugerencias de sus compañeros, que se encuentran repartidos en cinco equipos diferentes: gestión de tiempo, área comercial, almacén, facturación, y rentabilidad y obras. «Cada grupo analiza una contrariedad y propone una solución», desgranan. El primero en hablar detalla una situación que se repite año tras año: «Normalmente, un instalador acude a un establecimiento para hacer una revisión y recoge datos en un papel, que después hay que pasar al ordenador en la oficina. Sería muy práctico darle una tablet para que ese trabajo se realice directamente en el momento, en un solo paso, y la información se integre en tiempo real en nuestro ERP. Ahorraríamos tiempo». El comentario invita a la reflexión. Se trata de una realidad compartida: los esfuerzos están, las ganas también, de modo que el objetivo ahora es optimizar los procesos para ganar en eficiencia.

Parte de la plantilla de BatVol se reparte en grupos para proponer ideas de mejora en la compañía.
Por su parte, el equipo de almacén plantea algunas medidas para el uso diario de las furgonetas: «Necesitamos idear un sistema para mejorar el control del material que hay en cada vehículo. Algunos tienen un conductor fijo y otros van cambiando. Por eso, propongo hacer talonarios donde quede constancia del material disponible en las furgonetas después de la jornada y, si funciona, valorar después su digitalización».
Cuando la reunión termina, los asistentes deben votar la idea más relevante, útil o transformadora. Y así, semana a semana, los grupos con mejores propuestas van ganando puntos. Al finalizar el año, Gonzalo y Maite organizan un evento donde comparten los resultados de la empresa y en el que, además, reconocen a los empleados que mejor puntuación han obtenido a lo largo del ejercicio.
«Ahora colaboramos, entendemos el problema del otro y tratamos de solucionarlo juntos. Es importante entendernos para no estancarnos. Al fin y al cabo, todos somos BatVol», sostienen satisfechos.
PASADO, PRESENTE Y FUTURO
Parece que «fue ayer» cuando los hermanos Pérez aterrizaron en la empresa. A los ocho años, Maite jugaba a vender bombillas en una pequeña tienda que BatVol poseía en sus instalaciones de la calle Monasterio de Irache. «Por aquel entonces, vendíamos material eléctrico al público como una parte más del negocio. Con el tiempo aquella tienda desapareció y ahora desarrollamos instalaciones completas», apostilla. Para ella, aquello era un simple juego, en el que se colocaba tras el mostrador e interactuaba con el personal de oficinas, ingeniería, almacén o secretaría. Quizás, sin saberlo, ya se estaba entrenando para su futura vida profesional.

Maite y Gonzalo Pérez ejercen como directora general y director comercial de la empresa.
Después de instalarse en el polígono Iruregaña de Aizoáin, poco a poco BatVol fue creciendo. «Hace siete años, éramos treinta empleados en la empresa. Hoy somos alrededor de cincuenta», recuerdan segundos antes de remarcar que la firma cerró 2024 con una facturación superior a los 3 millones de euros y, de cara a este año, proyecta alcanzar los 4 millones. «Desde que decidimos diversificar el negocio, la evolución ha sido muy positiva. Seguimos realizando instalaciones eléctricas tradicionales, pero ahora las hemos enriquecido con energías renovables, como la fotovoltaica, y con proyectos de movilidad eléctrica, especialmente en la instalación de puntos de recarga», añaden.
Orgullosos de la herencia que llevan consigo, los hermanos Pérez mantienen viva la chispa que encendió su padre, Gonzalo. Hoy, el compromiso y el esfuerzo alumbran con más fuerza que nunca un legado construido a base de trabajo, visión hacia el futuro y raíces profundas: «Implicar a las personas es lo que da sentido a todo esto. Somos lo que somos gracias al equipo que tenemos».













