Como de costumbre, su padre aparca el coche en la entrada. «Hotel Yoldi», anuncia el letrero vertical que parece trepar por el edificio. Le recibe su abuelo, que se apoya con simpatía en un bastón. Se agacha, gira el rostro y le ofrece la mejilla. El pequeño César Daspa le da un beso y, a toda prisa, corre hacia la cocina. Entre platos y sartenes, su abuela prepara su almuerzo favorito: pataticas y un batido de chocolate. Se relame mientras escucha el murmullo del comedor. Suspira. Sonríe. Todavía no lo sabe pero, cuando se haga mayor, este será el primer recuerdo que brotará de su memoria cuando alguien le pregunte por su infancia. Y no sabrá explicarlo del todo, pero sí sentirlo. El calor, el olor, los pasillos interminables, el teléfono que suena en recepción… Regresar a esos instantes es tener la certeza de estar en casa.
Cuando contaba solo ocho años, su madre falleció. Y su progenitor tomó la decisión de mudarse definitivamente al hotel, adquirido por sus abuelos en 1950 y ubicado en la avenida San Ignacio de Pamplona: «Pensamos que así podríamos echarles una mano». Cada semana había gente nueva, familias distintas y acentos que iban y venían. Y así, César pasaba los días sumido en una diversión constante. Intercambiaba cromos con los hijos de los huéspedes, exploraba los pasillos como si fueran parte de un castillo, jugaba a adivinar cuál de los ascensores llegaría primero a la planta baja… «Me lo pasaba muy bien, aunque es cierto que faltaba un poco de intimidad. No existían los teléfonos móviles como ahora, así que si hacía alguna trastada en el colegio los profesores llamaban a recepción y comentaban lo que había ocurrido. Al final, todo el mundo se enteraba», expresa entre carcajadas.
@valores_top 🏨 #TestCapital | Esta semana nos hemos acercado al #HotelYoldi para charlar con #CésarDaspa, que comienza una nueva etapa al frente del negocio familiar. Daspa nos habla de su infancia entre habitaciones, los valores que le inculcó su padre y repasa sus rincones favoritos del lugar que le ha visto crecer. 📽️ ¡No te lo pierdas! 💻 Lee aquí la entrevista completa, link en la BIO.
CUATRO GENERACIONES
Le encantaba el baloncesto. De hecho, su altura le delata: «Soñaba con ser jugador profesional. Hasta que cumplí los dieciséis, comencé a pensarlo bien y llegué a la conclusión de que quería ser como mi padre». Con el tiempo, su progenitor tomó las riendas del hotel y, después, llegó el turno de sus hermanos, María y Marcos Antonio Daspa. Hasta que, el pasado mayo, nuestro protagonista les relevó como director. «Mi padre falleció hace dos años y estoy convencido de que, si ahora me viera, estallaría de la emoción. Este lugar le representa, siento que de alguna manera su esencia sigue todavía por aquí», suspira mientras recorre el vestíbulo con una mirada que mezcla orgullo y nostalgia.
Tras estudiar Relaciones Laborales y Recursos Humanos en la Universidad Pública de Navarra (UPNA), inició su recorrido profesional en el hotel. Comenzó con labores administrativas, encargándose de las facturas, hasta que pasó a liderar el área de restauración: «Probar menús, seleccionar los platos, organizar la carta… Todo aquello me gustaba. Más tarde, pasé a recepción. La ayuda de mis hermanos ha sido esencial en mi formación. Pese a las adversidades, siempre han estado al pie del cañón. Nunca se han rendido, han tirado para adelante y, cuando hacía falta, eran los primeros en meter más horas y quitarse vacaciones. Siempre lo han dado todo», ensalza.

Como primera medida de calado, el nuevo director reformará las cincuenta habitaciones del Hotel Yoldi.
Las anécdotas se amontonan cuando pasea por las instalaciones. Cada pasillo narra algo de su pasado, cada puerta encierra una historia. Pero es consciente de que los recuerdos no bastan para sostener el futuro. Por eso, de cara a 2026, planea reformar las cincuenta habitaciones del hotel. «Quiero darles un lavado de cara y modernizar su estética», sostiene con firmeza segundos antes de recalcar que el 65 % de los huéspedes provienen de toda España, mientras que el 35 % restante lo conforman clientes extranjeros. La mayoría de ellos llegan desde Francia, Alemania, Estados Unidos e Italia.
SU RINCÓN FAVORITO
A sus 38 años, tiene un «clarísimo rincón favorito». De niño, solía desayunar en la esquina de la barra del bar. Aquella posición era estratégica: desde allí podía observar el ir y venir del personal; los primeros clientes del día; y a su padre, siempre impecable, organizando todo con una calma que imponía respeto. «Una vez pintarrajeé mi nombre en ese trocito de la barra. Fui un ingenuo y pensé que nunca me pillarían, pero evidentemente me pillaron», ríe.
«El Hotel Yoldi representa a mi padre. Siento que, de alguna manera, su esencia sigue todavía por aquí»
Lo cierto es que a nuestro protagonista le apasiona el bar del hotel. Allí todos se conocen. Se trata de un espacio cercano, cotidiano, donde los clientes habituales entran saludando por su nombre y los nuevos no tardan en sentirse parte de «la casa»: «Además de ser un punto de encuentro, tenemos platos que triunfan, como la tortilla de patata, la ensaladilla rusa y los pinchos de carrilleras o rabo de toro, entre otros. De miércoles a domingo hacemos paella».
César se mueve con soltura entre las mesas y, de lejos, saluda a los huéspedes que esperan en recepción con sus maletas. Posee esa facilidad natural para permanecer en varios sitios a la vez sin parecer demasiado apresurado. Mientras tanto, atiende al clic de nuestra cámara con una naturalidad sorprendente. Sabe dónde mirar, cómo colocarse y cuándo sonreír. «Claro, es que he hecho mis pinitos como actor», desvela de pronto. Le escuchamos con especial atención. Acabamos de dar con su gran hobby.

El Hotel Yoldi acoge a huéspedes de toda España y de países como Francia, Alemania, Estados Unidos o Italia.
«Un día, un amigo me comentó que buscaban gente para apuntarse a un casting. En concreto, necesitaban a un tío alto y con barba. Me presenté y me cogieron», relata entusiasmado. Para la escena, debía asumir el papel de un policía al que le encargaban hackear un móvil: «Los protagonistas tenían que venir donde había ocurrido el crimen y yo tenía que entregarles el teléfono. El director, con su acento americano, me repetía ‘¡es tu fucking momento! ¡Este es tu fucking momento!’ Todos me miraban, fue una experiencia muy graciosa», rememora.
También ha trabajado como figurante en una serie y como actor en un anuncio para el Navarra Arena. Pero, más allá de la gran pantalla, su verdadera afición son las barbacoas. «Mi mujer, Alicia, y yo somos muy parrilleros. Ella es la reina del fuego, le encanta el carbón y la maderita. Yo me encargo de los chuletones», atestigua. Para ambos es casi un ritual que disfrutan sin pretensiones, rodeados de familia o amigos, siempre con buena música de fondo y algo que celebrar: «Los momentos sencillos son los que más unen y los que, al final, más marcan».













