Un coche de Lego azul decora la mesa de su despacho. Justo enfrente, sobre una estantería, otro de color rojo guarda entre sus grietas la memoria de una tarde lejana en la que Txus Pintor lo construyó junto a sus dos hijos, entre risas y piezas que se resistían a encajar. En medio del orden técnico que colma la esencia de todo ingeniero, estas simpáticas maquetas con ruedas le recuerdan que la ingeniería también puede comenzar con infinitas instrucciones arrugadas en el suelo del salón, y que no hay planos más precisos que los que nacen del cariño.
Han transcurrido apenas un par de meses desde que fue nombrado director general de NAITEC. Y lo cierto es que afronta el reto con mucha ilusión. Desde la ventana, alarga la mirada y contempla el campus de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), su otro hogar. Donostiarra de nacimiento, son tres las décadas que lleva resolviendo dudas, compartiendo conocimientos y sembrando vocaciones como profesor titular del Departamento de Ingeniería Mecánica, Energética y de Materiales. Ese vínculo con la universidad no se diluye con nuevos cargos: lo acompaña, lo ancla. «Mi objetivo nunca fue ser profesor, pero el mundo de la docencia enseguida me brindó oportunidades que aproveché bien. Antes de que me nombraran director general en NAITEC, ejercí como director científico tecnológico durante siete años y, desde entonces, he compaginado la docencia con mis labores en el centro tecnológico», relata tras mencionar que, antes de aterrizar en la Comunidad foral, impartió clases en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), Mondragon Unibertsitatea y la sede guipuzcoana de la Universidad de Navarra.
«Desde niño, tenía mucha curiosidad por entender el funcionamiento de las cosas que me rodeaban. Entonces comencé a dibujar», narra. Equipado con su cartabón, escuadra y compás, delineaba trazos sobre un papel para aterrizar ideas variopintas: «Me encantaba jugar con las perspectivas. Eso me ayudó después a tener capacidad de abstracción en 3D. Como veréis ahora, eso es algo importantísimo en NAITEC», subraya segundos antes de ponerse en pie para mostrarnos los entresijos del centro, que factura 6 millones de euros al año.
HACIA LA MOVILIDAD AUTÓNOMA
Normalmente, cuando pensamos en la palabra «laboratorio», imaginamos tubos de ensayo, pipetas, batas blancas y líquidos burbujeando en frascos de cristal. En la sede del centro tecnológico ubicada en la calle Tajonar, sin embargo, la realidad es algo diferente. Aquí no hay un silencio estéril, sino un murmullo constante de actividad: el zumbido de motores, el golpe sutil de herramientas, el clic preciso de un ratón que lanza desde su ordenador una simulación…
«En estas instalaciones hacemos ensayos para vehículos. Por ejemplo, esto es un simulador de carretera. Posicionamos un coche sobre la plataforma y aplicamos movimiento para simular diferentes movimientos. Reproducimos baches, badenes… El vehículo se mantiene aquí de forma continua durante unas semanas, lo que equivaldría a unos 300.000 kilómetros en carretera», explica nuestro protagonista mientras camina entre estructuras metálicas con la familiaridad de quien lleva años escuchando el lenguaje estridente de la maquinaria.

NAITEC está conformado por 80 profesionales y factura 6 millones de euros al año.
En una salita, pocos metros más allá, un curioso cochecito nos invita a posar la mirada sobre él. Posee una forma redondeada, casi simpática, y parece un buen compañero de paseo. No tiene volante, pedales, ni una cabina que delate la figura de un conductor. Y es que no lo necesita: se desplaza de forma autónoma, guiado por sensores y cámaras. «Tiene un láser capaz de generar la geometría que detecta a su alrededor. En paralelo a este proyecto, también construimos un circuito urbano para diseñar, ensayar y desplegar las diferentes tecnologías asociadas al vehículo eléctrico, autónomo y conectado«, rememora.
Durante nuestra excursión por las entrañas laberínticas del centro tecnológico, Txus nos presenta una cámara anecoica. A nuestro alrededor, todo se tiñe de un blanco pulcro. Varios micrófonos decoran el centro de la estancia. «Aquí realizamos ensayos para detectar fallos en las piezas. Si presentan algún tipo de error, al golpearlas sonarán distintas. El objetivo es comprobar si los fallos en la fabricación generan cambios en el sonido. Si te quedas un tiempo solo aquí dentro, puedes escuchar hasta la circulación de tu propio cuerpo», apunta.
PROYECTOS ENTRE MANOS
Además de la rama de la movilidad, NAITEC se ha especializado en mecatrónica, servicios tecnológicos y nuevos negocios. «Validamos productos de diferentes sectores y aplicamos nuestros conocimientos para llevar a cabo ensayos. Por ejemplo, estamos desarrollando nuevos materiales y tecnologías para el sector aeroespacial, y también hemos aterrizado en el sector de la salud», recuerda para acto seguido desgranar en qué consiste el proyecto Sensorfit4heart, puesto en marcha hace tres años.
La iniciativa, financiada por el Gobierno de Navarra, está liderada por Navarrabiomed en colaboración con profesionales del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario de Navarra, ADItech, CIMA y las empresas Lorpeland y 540. En este contexto, NAITEC se ha encargado del desarrollo de sensores para monitorizar el estado de salud de personas con problemas cardíacos: «En lugar de portar un brazalete o una pulsera, los pacientes pueden llevar los sensores incorporados en su propia ropa».
Otro de los proyectos que destaca se realiza en colaboración con Integralia y lleva el nombre de Moverte. ¿El objetivo? Desarrollar materiales ligeros e inteligentes a través de la electrónica impresa para facilitar la conducción de un vehículo.
En materia de movilidad sostenible, «Navarra es una comunidad donde se está trabajando de manera significativa». Así, recuerda que la sostenibilidad puede medirse de varias formas: «Puedes reducir el consumo utilizando materiales que pesen menos y que, por tanto, el esfuerzo al mover el vehículo sea menor. También puedes usar materiales que sean más fácilmente reutilizables y reciclables… Hay un mundo de posibilidades».
Mientras posa con elegancia frente a la cámara, sonríe ligero. Más allá de la ingeniería, la fotografía también ocupa un lugar importante en su vida. De hecho, entiende este hobby como una original alternativa para observar el mundo con otros ojos y capturar instantes que, al igual que en su trabajo, requieren paciencia, precisión y sensibilidad por cada detalle. «¡Aunque llevo años sin subir nada a Instagram, reconozco que me apasiona!», concluye.













