Coloca los libros como quien ordena pequeñas promesas. Lleva una década detrás del mostrador y se mueve entre estanterías con la precisión tranquila de quien ya conoce el mapa secreto de cada objeto. Los rotuladores descansan en vasos de colores, los lápices aparecen en filas perfectas, los estuches cuelgan como banderines de una fiesta… Saluda con un amable kaixo a quienes pasan por delante de la tienda. Elena Aldasoro lleva diecisiete años trabajando en la librería Arkatz, y ha hecho de este rinconcito de Alsasua su hogar.
«Mi primera experiencia laboral en una librería fue en la Txantrea, solamente tenía veintidós años», rememora con cierta nostalgia. Pero fue en Alsasua donde la historia se quedó quieta el tiempo suficiente como para echar raíces. Carlos Goicoetxea, vecino a quien conocía, buscaba personal para su local. Y nuestra protagonista cazó la oportunidad al vuelo. «Entré y nunca salí», expresa entre risas.
ACTIVIDADES LITERARIAS
Desde el primer día, su intención fue clara: anhelaba construir un punto de encuentro «vivo». Ya lleva una década al frente de Arkatz, y en ese tiempo el establecimiento ha crecido con ella. Con el paso del tiempo ha ido organizando de todo: visitas literarias, encuentros con lectores y pequeñas actividades que han ido dando otra textura a Alsasua. «Intento dinamizar más allá de las ventas y hacer cosas chulas. Por ejemplo, planifiqué una excursión a Pasajes para ver los lugares que aparecen en un libro de Ibon Martín«, detalla.
Desde la pandemia, también organiza «citas a ciegas» con ejemplares. Los envuelve y aporta alguna que otra pista para que el cliente sepa qué tipo de historia se va a encontrar, pero no da detalles. ¿Qué consigue con esto? Evitar que el lector juzgue un libro por su portada.

En Arkatz, los clientes pueden adquirir figuras de personajes representativos de Alsasua, como los ‘momotxorros’.
Lo cierto es que apuesta con fuerza por editoriales navarras y autores poco conocidos. Le gusta darles espacio, hacerles el hueco que su obra también merece. «Los bestsellers ya se conocen y se leen muy bien. A mí me interesa mostrar lo que todavía no ha llegado a la gente», explica segundos antes de recalcar que, actualmente, lo más leído es el género de misterio.
En Arkatz conviven voces diversas, sin jerarquías visibles: libros en castellano y en euskera comparten mesa, se mezclan en recomendaciones y se cruzan en manos de lectores que entran buscando una cosa y salen con otra: «Aquí hay mucho de lo de casa».
‘SOUVENIRS’ DE ALSASUA
Recientemente, Elena se ha aventurado a lanzar una línea de souvenirs. En un pueblo donde muchos visitantes suelen llevarse chistorra antes de volver a casa, ella ofrece recuerdos que duran más tiempo y pueden permanecer en las estanterías, como llaveros, imanes, tazas y libretas con dibujos de eguzkilores o momotxorros. También vende figuritas inspiradas en estos personajes tan representativos de Alsasua.
A sus 42 años, sostiene que Arkatz «no estaría donde está» sin Marian Lumbreras, su compañera. La menciona con gratitud inmediata, como quien habla de alguien imprescindible en una rutina compartida durante años. Entre las dos sostienen el ritmo del establecimiento: «Sin ella no soy nada».
Porque en una librería pequeña rara vez se venden solo libros. También se acumulan confidencias, se felicitan cumpleaños, se pregunta por familiares y se escucha. Arkatz funciona, en parte, como esos lugares que todavía conservan algo de plaza pública.
Quizá por eso Elena insiste tanto en mantenerla viva. Organiza actividades, apuesta por autores cercanos y busca nuevas maneras de sorprender a quienes cruzan la puerta. Después de diecisiete años, sigue encontrando motivos para reinventar el espacio sin perder aquello que lo hace reconocible: la sensación de entrar y saber que alguien conoce tus gustos antes incluso de que empieces a buscar entre las estanterías.













