En su habitación no sobrevivía intacto ni un solo juguete. Tornillos sueltos, carcasas abiertas y pequeñas piezas desperdigadas eran el rastro inevitable de su infinita intriga. Le gustaba explorar. Aquellas manos inquietas que desmontaban todo tipo de artilugios son las mismas que hoy crean sensores capaces de escuchar lo invisible. En el trayecto que transcurre desde ese pequeño caos infantil a la creación de Uptech Sensing, Javier Urricelqui ha convertido la curiosidad en oficio y la intuición en una innovadora tecnología.
Como tantos otros niños, durante un tiempo su imaginación fue saltando de una vocación a otra. Torero, médico, astronauta… Pero finalmente encontró un cauce más preciso en la Ingeniería de Telecomunicaciones. Se formó en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y disfrutó de un Erasmus en Viena. No se trataba de un destino cualquiera. La ciudad se presentaba como un punto de observación privilegiado hacia Europa. Intentó echar raíces allí, seducido por su ritmo y oportunidades, pero la distancia terminó pesando más de la cuenta y la nostalgia lo trajo de vuelta a su Pamplona natal, donde retomó el hilo de su camino académico para adentrarse en la tesis doctoral.
Después, volvió a cruzar fronteras. Pasó casi un año en la Escuela Politécnica Federal de Lausana, en Suiza. Una experiencia que no solo amplió su mirada técnica, sino que le permitió conocer de primera mano el engranaje de la ingeniería EPCI, donde las ideas dejaron de ser teoría para convertirse en sistemas reales, complejos y exigentes. Aquel fue, en cierto modo, el último impulso que necesitaba. Con ese aprendizaje, tomó la decisión de regresar a Navarra y dar el salto: era hora de construir algo propio. Y así nació Uptech Sensing.
LA INGENIERÍA, UN PULPO
«La ingeniería es como un pulpo. Tocas muchas cosas y te especializas en algunas. En mi caso, opté por enfocarme en la fibra óptica y crear un negocio especializado en ese ámbito. A la hora de emprender, hay vértigo porque nunca sabes qué sucederá. Considero que ese ‘qué sucederá’ debe manejarse desde una pregunta concreta: ¿Cuánto te importa lo que opinen los demás de tu trabajo?», plantea.
Con ese interrogante como telón de fondo, confió en su propio criterio. Empezó poco a poco a sumar talento para construir un equipo sólido. Tenía claro que la empresa debía sostenerse sobre cuatro pilares bien definidos: la programación, como lenguaje que ordena; la electrónica, como soporte tangible; la analítica de datos, como herramienta para interpretar lo invisible; y la fibra óptica, donde todo converge.
No era solo una cuestión técnica, sino casi orgánica. Como si aquel «pulpo» del que habla encontrara, por fin, un cuerpo propio. Cada disciplina debía funcionar como un tentáculo, conectado al mismo propósito: traducir señales imperceptibles en información útil.
LA INTERNACIONALIZACIÓN
En los últimos dos años, ese enfoque ha ido afinándose hasta encontrar un terreno especialmente fértil en el ámbito civil. En concreto, el equipo de Uptech Sensing ha puesto el foco en la monitorización de estructuras, como puentes o túneles. «Usamos fibra óptica para replicar el sistema de una estructura, como si fuese el sistema nervioso del cuerpo humano. Sirve para analizar posibles deformaciones que pueden sufrir, por ejemplo, los puentes. Cada vez que pasa un tren, también estudiamos cómo responde ese viaducto a su paso. Podemos detectar anomalías», detalla.
En 2023, la compañía operaba en una decena de países. Tres años después, la cifra ya supera los quince. «Estados Unidos, México, Chile, Italia, Grecia, Reino Unido… Acabamos de cerrar nuestro primer contrato en India y, de cara a este año, Filipinas entra en nuestros planes. Trabajamos a través de partnerships para servir con nuestra tecnología a otras ingenierías. Somos proveedores de soluciones», puntualiza el CEO de la firma, de 39 años.
La compañía, que cuenta con sedes en Mutilva y San Sebastián, también actúa en el sector eléctrico. En concreto, monitoriza cables de alta tensión a través de energía térmica: «Por ejemplo, podemos saber si un cable submarino está enterrado o no, o cómo de sobrecargada está la red. También cabe la posibilidad de que una excavadora pueda dañar algún cable haciendo obras. En ese caso, nuestra tecnología permite detectarlo y dar la voz de alerta».

Uptech Sensing, que cuenta con sedes en Mutilva y San Sebastián, prevé entrar este año en Filipinas.
Es en este sector donde Uptech Sensing planea crecer. Y lo hará de la mano del grupo vasco Arteche, que recientemente adquirió el 35 % de la compañía navarra. «Arteche es el socio adecuado porque compartimos una visión donde la red debe ser inteligente. Tenemos muchas sinergias y hacemos un buen tándem. Nos apoyaremos para seguir creciendo en el sector eléctrico», sonríe nuestro protagonista para acto seguido recalcar que esta alianza ampliará su mirada hacia Europa.
En el fondo, la historia de Javier no es solo la de una empresa que crece: es el relato de una curiosidad que ha sabido encontrar su lugar. El niño que no dejaba intacto ningún juguete sigue ahí, aunque ahora sus manos, en lugar de desmenuzar mecanismos domésticos, descifran el comportamiento de estructuras complejas. «Lo que busco ahora es tener oído y olfato para ver lo que está sucediendo alrededor y generar tecnología con el fin de escuchar lo que ocurre en el mundo. Ese es nuestro cometido», concluye.













