jueves, 25 junio 2026

La ola de calor en Pamplona resiente la venta de helados artesanales

Mientras los pamploneses se refugian del calor en sus casas, las heladerías artesanales de la capital navarra ven disminuir su actividad. Varios propietarios explican a Navarra Capital que los turistas son el principal perfil que se acerca a comprar helados, mientras que algunos negocios intentan paliar las consecuencias de las altas temperaturas ampliando su horario hasta la medianoche.


Pamplona - 17 agosto, 2025 - 23:30

Los turistas son el principal consumidores de las heladerías artesanales durante la ola de calor. (Foto: Maite H. Mateo)

El helado es uno de los productos estrella del verano ya que alivia la sensación de bochorno que provocan las altas temperaturas. Sin embargo, paradojas de la vida, la ola de calor que padece Navarra desde hace una semana no está beneficiando a la heladerías artesanales de Pamplona. ¿El motivo? Durante gran parte del día, las calles están prácticamente desiertas y solo los turistas se atreven a pisar el centro de la ciudad.

Los propietarios de estos negocios explican a Navarra Capital que las ventas se disparan en jornadas en las que se registran entre 25 y 30 grados de temperaturas máximas. Por eso, esta última semana, en la que se han alcanzado los 40 grados, ha sido «floja», porque los consumidores han estado «refrescándose en la piscina, en los pueblos o en casa a refugio», señala Javier Cía, encargado de la heladería Elizalde ubicada en la plaza de San Nicolás.

Vicente Serrano, propietario de la Heladería Nalia situada en el paseo Sarasate, insiste en que «tan malo es el frío como el calor extremo. ¿Quién sale a la calle a las seis de la tarde? El que está obligado. Nadie más». Como consecuencia, las ventas han bajado «entre un 10 % y 12 %» respecto a una semana normal de verano. «Vivimos del calor, pero estas temperaturas nos matan. Todos estamos en modo zombi», describe Vicente.

Otra de las consecuencias de la ola de calor, indican desde los establecimientos, es que se ha retrasado  a las ocho de la tarde el pico de trabajo que anteriormente se registraba después de la sobremesa. «A partir del mediodía en la terraza se sientan ni las lagartijas», bromea Javier.

En la misma línea, Marta Larramendi, propietaria de la Heladería Larramendi junto con su hermana Ana, ha recibido a gran parte de la clientela cuando se acercaba la hora de cenar. Por eso, decidieron retrasar el horario de cierre, establecido a las diez, y prolongar su actividad hasta la medianoche. «Lo que no vendemos durante el día ahora lo hacemos a la noche», explica.

La Heladería Nalia también se propuso adaptar su horario a la ola de calor y sopesó la posibilidad de cerrar a mediodía para bajar la persiana más tarde. Sin embargo, Serrano declinó esta opción por los problemas que generaba como «pagar horas extra, ampliar la plantilla o modificar jornadas laborales». Por eso, concluyó que estas medidas eran innecesarias: «Es una semana de calor, la temporada dura mucho más y debemos tener mirada larga. Lo que suceda estos días no es significativo«. 

HELADOS MÁS REFRESCANTES

Las elevadas temperaturas también han conllevado en algunas heladerías como Larramendi un cambio en el tipo de helados que se consumen. Por ejemplo, ha descendido la venta de helados elaborados con crema (más calóricos y pesados) y los clientes prefieren los de agua con sabores de fruta (mango, limón, menta, frambuesa, fresa, menta) porque son más refrescantes. «También se piden más horchata fría y granizado de limón», concreta su propietaria. 

Por otra parte, en Elizalde ofertan 44 sabores distintos, de los que ocho son de fruta, pero no han notado un incremento considerable del consumo de estos últimos. En este sentido, los helados de yogur, avellanas y stracciatella se mantienen como los preferidos por la clientela. Así mismo, la Heladería Nalia, con 38 sabores diferentes, tampoco ha percibido grandes cambios: «Únicamente el sorbete de piña se está vendiendo un poco más».

EL TURISMO MANTIENE LA ACTIVIDAD

Los turistas que apostaron por Pamplona como destino vacacional son de los pocos clientes que se adentran en las heladerías. «Son los únicos que andan por el centro porque, ya que están aquí, tienen que visitar la ciudad caiga lo que caiga. No tienen casa ni piscina, así que no les queda más remedio que estar en la calle. Los pobres vienen con una cara de que se quieren morir», bromea Serrano. 

Por Larramendi también se han acercado madrileños, catalanes, andaluces o valencianos y todos ellos se han sorprendido de que en la capital navarra se puedan alcanzar, e incluso superar, los 40 grados. «Venían buscando el fresquito y se topan con este calor insoportable», concluye Marta entre risas. 

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