lunes, 8 junio 2026

Las claves para que las empresas navarras compitan en innovación con China

El Consejo Social de la UPNA organizó una sesión en la que Mario Esteban, director del Centro de Estudios de Asia Oriental e investigador principal del Real Instituto Elcano, abordó cómo colaborar con el gigante asiático. "Negarse no es una opción porque se corre el riesgo de quedarse excluido de los avances masivos", destacó.


Pamplona - 8 junio, 2026 - 22:45

Los asistentes a la sesión organizada por el Consejo Social de la UPNA. (Fotos: Sergio Martín)

China se ha consolidado de forma indiscutible como uno de los principales motores económico del planeta, según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI): un PIB de 17,32 billones de euros en 2025, que representó el 16,85 % de la producción mundial; un crecimiento económico del 5 % respecto al ejercicio anterior; y una inflación del 1,2 %. A estas cifras, se debe añadir el dominio en las cadenas globales de suministro en tecnología y tierras raras, su liderazgo en sectores estratégicos (energías renovables, baterías o vehículos eléctricos) y su potencial en I+D+i.

Ante esta realidad, existen dos escenarios contrapuestos para adaptarse al gigante asiático: confrontar comercialmente con él, cuya máxima expresión fue la guerra arancelaria emprendida por Donald Trump que amenazó con gravámenes de hasta el 130 %, o buscar la cooperación y las alianzas. Esta última opción parece la preferida para muchos países, ya que según diversas instituciones como el centro de estudios Wilson Center, la entidad financiera RBC o Asian Development Bank, China se ha convertido en el principal socio comercial de 120 Estados.

España es uno de los que ha apostado por la vía de la colaboración y, en abril, ambos gobiernos cerraron diez acuerdos comerciales estratégicos para impulsar el mercado agroalimentario, las energías renovables, el hidrógeno verde y la movilidad eléctrica. Navarra también ha dado pasos en esa dirección. De hecho, delegaciones del Ejecutivo foral han visitado el país asiático recientemente y el principal hito de estos contactos es el proyecto para poner en marcha la gigafactoría de almacenamiento de energía en baterías que la empresa china Hithium planea en la región.

En este contexto, el Club de Directores de I+D+i del Consejo Social de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) organizó el pasado viernes la sesión ‘Innovar en la nueva geopolítica: cómo competir con el gigante chino’, impartida por Mario Esteban, director del Centro de Estudios de Asia Oriental de la Universidad Autónoma de Madrid e investigador principal del Real Instituto Elcano. Durante el encuentro, celebrado en la sala de juntas del edificio Las Sóforas, Esteban puso de manifiesto la hegemonía china en innovación (el 2,8 % de su PIB), un ámbito al que las empresas públicas y privadas destinan un billón de euros anuales frente a los 750-800 millones de Estados Unidos. 

«Estas inversiones masivas se destinan sobre todo a innovación aplicada (manufactura avanzada, baterías, vehículos eléctricos, telecomunicaciones y despliegue industrial) y se traducen en avances científicos efectivos que repercuten en su economía», detalló el investigador.

Miguel Núñez(Nordex), Roberto Lanaspa (KWD Automotive), Mario Esteban, Francisco Santiago Marcos (Consejo Social UPNA) y José Ángel Arrarás Ilundain (Viscofan).

Miguel Núñez, Roberto Lanaspa, Mario Esteban, Francisco Santiago Marcos y José Ángel Arrarás Ilundain.

En la misma línea, Esteban recalcó que el gigante asiático es «líder» en papers científicos publicados, situó a Pekín y Shangái como las «dos ciudades más importantes del mundo en investigación científica de alta calidad» y resaltó que China está a la cabeza en 37 de las 44  denominadas ‘tecnologías críticas’: baterías eléctricas, paneles fotovoltaicos, celdas de combustible de hidrógeno, redes eléctricas inteligentes, sensores avanzados, sistemas de posicionamiento, drones, robótica avanzada, satélites, computación cuántica…

«Además, no solo lidera ocho de estos sectores industriales y tecnológicos, sino que existe un riesgo alto de que comience a ejercer el monopolio. Existen unos ámbitos muy concretos, como el de las energías renovables, que los capitanea de manera masiva y, además, tiene la capacidad de activar esta fuerza a nivel geopolítico. Por eso entró en la guerra arancelaria con Estados Unidos», reflexionó.

Antes esta tesitura, el director del Centro de Estudios de Asia Oriental reconoció que «negarse a cooperar con China ha dejado de ser una opción», ya que se «corre el riesgo de quedarse completamente excluido de los avances masivos chinos» que están nutriendo los ecosistemas de innovación globales. «En definitiva, la empresa que decida no acceder a la vanguardia de la innovación china se queda atrás competitivamente. Es una realidad que está ahí, no la podemos obviar y debemos aprender a lidiar con ella», avisó Esteban.

Como ejemplo de este «cambio de paradigma», el investigador del Real Instituto Elcano citó al sector de la automoción, cuyas empresas han invertido directamente en el gigante asiático «para no perder el ritmo del desarrollo tecnológico». Eso sí, Esteban también alertó de los «riesgos de una cooperación excesiva» y, según él, el principal es la «sobredependencia» de ciertos suministros o «mercados clave» de materias primas sobre los que China, debido a su potencial innovador, ostenta ventajas competitivas estratégicas. «Se puede llegar a generar una vulnerabilidad sistémica», ahondó.

LA PROPIEDAD INTELECTUAL Y EL CONOCIMIENTO

Frente a este escenario, abogó por tres pilares de actuación, bautizados como las tres ‘P’. En primer lugar, la protección de la propiedad intelectual, el talento y del conocimiento atesorado desde hace décadas: «Se debe delimitar con precisión quirúrgica qué tecnologías e información se pueden compartir en un ámbito de cooperación compartida».

Para cumplir eficientemente con este propósito, Esteban recomendó a las compañías que analicen la innovación desde una perspectiva tecnológica o empresarial, pero que también tengan en cuenta el ecosistema político en el que se desarrollan.

«El modelo chino de investigación difiere significativamente del occidental, especialmente en aspectos como la gobernanza, la propiedad intelectual, los estándares regulatorios y el papel del Estado. Mientras que en Occidente gran parte de la investigación responde a intereses académicos, científicos o de mercado, en China existe una orientación más estratégica y coordinada con las prioridades nacionales», argumentó.

Marcos Esteban, director del Centro de Estudios de Asia Oriental, y Francisco Javier Santiago, presidente del Consejo Social de la UPNA.

Marcos Esteban, director del Centro de Estudios de Asia Oriental, y Francisco Javier Santiago, presidente del Consejo Social.

El segundo punto es promover la inversión europea en capacidades industriales y tecnológicas. Y el último, establecer ‘partnerships’ (alianzas) que vayan más allá del eje Occidente-China y expandir las cadenas de valor hacia el sur global: América Latina, África, resto de Asia y Oceanía.

MESA REDONDA

Tras la ponencia, se celebró una mesa redonda, moderada por el presidente del Consejo Social de la UPNA, Francisco Santiago Marcos. En ella intervinieron Miguel Núñez (director de Ingeniería en I+D de Nordex Energy Spain), José Ángel Arrarás (director Corporativo de I+D+i de Viscofan) y Roberto Lanaspa (COO y consejero de KWD Automotive, así como presidente de ACAN).

Este último señaló que la creencia de que China era «la fábrica del mundo que trabajaba para Occidente» ha quedado «obsoleta» y que, por lo tanto, la disyuntiva ya no es «competir o colaborar, sino bajo qué reglas y de qué manera» se establece dicha cooperación. Según el COO de KWD Automotive, las ventajas competitivas del país asiático respecto a la UE son tres: el tamaño de su mercado interior, la planificación estratégica a largo plazo y la velocidad de implementación: «Cuando en Europa se discute un permiso o licencia de un proyecto, ellos ya lo han construido».

En la misma línea, lamentó la «fragmentación» y los diferentes puntos de vista de los países miembros de la UE lastran a los sectores industriales. «Los intereses automovilísticos de Alemania, Francia o España son distintos y esta inestabilidad regulatoria nos perjudica», apostilló. Aún así, defendió que Europa tiene capacidad para competir con China, pero que debe elegir bien el terreno de juego. «Cualquier empresa occidental que intente competir por costes, tiene el fracaso garantizado. La ventaja europea reside en el valor, el conocimiento tradicional acumulado, la fiabilidad y el talento. Debemos seguir apostando en talento y que la inversión esté enfocada en la innovación disruptiva y productiva», recomendó.

A continuación, el director de Ingeniería en I+D de Nordex Energy Spain centró su intervención en que Occidente y China operan bajo filosofías de innovación y desarrollo «radicalmente opuestas». Según Núñez, mientras cada prototipo de aerogenerador europeo debe cumplir con certificaciones medioambientales y de conexión de red para realizar la investigación, la «agilidad legislativa» del Gobierno chino autoriza el testeo masivo sobre el terreno. A su vez, la «tolerancia al fallo» es mayor en el gigante asiático que en el Viejo Continente. «Aquí, un fallo de un prototipo destruye la reputación y puede suponer la desaparición de la empresa. Allí instalan cientos de prototipos. Si el 95 % falla, colapsa o se rompe, no sufren daño reputacional. Lo asumen como coste de aprendizaje», comparó.

Por último, Arrarás, relató la experiencia de Viscofan en China, donde aterrizó en 2010. El «éxito» radicó en competir con los «estándares de calidad occidentales» frente al de los productores locales y esta diferenciación permitió a la empresa posicionarse en el segmento prémium.

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