viernes, 24 mayo 2019

Los turistas del hambre

¿Sabías que 8 de cada 10 turistas eligen su destino por la gastronomía? A la vista de estos números, la tendencia puede que haya cambiado y lo que antes nos entraba por la vista: patrimonio, naturaleza, historia, cultura…, ahora tiene que venir acompañado de un pincho o una copita de vino para triunfar. Algo que tampoco está tan mal, ¿verdad?

Jesús Jiménez
Pamplona - 16 febrero, 2019

El turismo gastronómico es una tendencia al alza.

El turismo gastronómico es una tendencia al alza.

Desde que el hombre es hombre, la búsqueda del sustento siempre ha estado ahí, entre sus principales motivaciones. Las manadas de bisontes que aparecen reflejadas en las cuevas de Altamira o las grandes migraciones que sacaron a los primeros homínidos de África confirman que uno de los principales motivos que han impulsado a los hombres (y las mujeres) a viajar, primero por necesidad y, más tarde, por placer, ha sido la buena ‘pitanza’.

Transcurrido el tiempo, como buen animal de costumbres, la tradición se mantiene de tal forma que hoy, en nuestra querida sociedad del consumo totalmente tecnologizada, lo que despunta -si se me permite- es el ‘hominidus turísticus’ en su versión gastronómica 2.0. Así, al menos se refleja en los últimos estudios realizados al efecto y que afirman que este viajero se ha incrementado en un 18%, lo que ha llevado a situar la oferta de bares y restaurantes al mismo nivel o, casi, que los tradicionales atractivos naturales, históricos o culturales de todo aquel destino turístico que aspire a ser reconocido como tal. No es casual que este tipo de turista se haya convertido en uno de los más perseguidos y agasajados por el sector.

TURISMO-GASTRONOMIA-QUESOS

Transcurrido el tiempo, como buen animal de costumbres, la tradición se mantiene de tal forma que hoy, en nuestra querida sociedad del consumo totalmente tecnologizada, lo que despunta -si se me permite- es el ‘hominidus turísticus’ en su versión gastronómica 2.0. Así, al menos se refleja en los últimos estudios realizados al efecto y que afirman que este perfil de viajero se ha incrementado en un 18%, lo que ha llevado a situar la oferta de bares y restaurantes al mismo nivel o, casi, que los tradicionales atractivos naturales, históricos o culturales de todo aquel destino turístico que aspire a ser reconocido como tal. No es casual que este tipo de turista se haya convertido en uno de los más perseguidos y agasajados por el sector.

Bien es cierto que este paradigma pudiera plantear una primera situación de apuro porque, ¡claro!, nadie reconoce así a las bravas que va a visitar Asturias para hartarse de fabada. Pero la realidad es que, sí. Que a poco que rasques un poquito empiezas con la fabada, sigues con el cabrales, la sidra y, sin darte cuenta, entre pan y pan te has ventilado tradición, historia y costumbres del lugar, al mismo tiempo que alcanzas tal nivel de familiaridad con el entorno, que no te resulta nada extraño sumarte al imprescindible ‘Asturiaaas patriaaa queridaaaa’ a poco que algún paisano se lance.

Porque la realidad dice que los potajes, junto con la tortilla de patatas, la paella (que, recordemos cuenta con su propio emoji y es la receta más buscada de todo internet) o el gazpacho constituyen los platos más demandados en España. Llegados a este punto hay que aclarar que nuestro país también es reconocido en el mundo mundial por el número de establecimientos con estrellas Michelín y que, efectivamente, existe un tipo de público muy fan de este tipo de actividad lúdico-gastronómica que supone pagar un pastizal por esferificaciones, deconstrucciones, ‘diverxos’ y similares. Pero no es el caso que nos ocupa. Lo que queremos con este artículo es atender y entender esa moda creciente que nos impulsa a planificar nuestro viaje buscando justamente lo contrario, esto es, el gusto por lo tradicional y los sabores de toda la vida.

TURISMO-GASTRONOMIA-PLAYA-TXIRINGUITO

De ahí que, siguiendo dicha lógica, el tapeo sea hoy el principal gancho para atraer a un tipo de visitante que, por lo demás, ya tiene fijado entre sus principales destinos favoritos a Andalucía, Galicia, el País Vasco y más, en concreto, a San Sebastián, Madrid, Barcelona o Bilbao. La buena noticia de este ‘movimiento silencioso’ es el consiguiente beneficio que esta tendencia ha reportado en cuanto a nuevas oportunidades de desarrollo y creación de empleo y riqueza en esos lugares y del que se han beneficiado indirectamente otros sectores como el comercio, la distribución, etc.

Profundizando más en el tema, ¿cómo son esos quienes sueñan con las paellas de la playa de la Malvarrosa, los Huevos Rotos de Casa Lucio o el pinchito de tortillita y cervecita fría de la calle Sierpes? ¿Son reconocibles? Pues sí, y nada tienen que ver con aquel anuncio protagonizado por un carpetovetónico Premio Nobel al que le preguntaban (hace ya muchos años, aclarémoslo para los millennials) aquello de: “¿Hace unas migas, Don Camilo?”.

No. Afortunadamente los tiempos han mejorado y ese estereotipo ha quedado superado. Hoy el retrato robot que nos ofrece el turista gastronómico es el de hombres y mujeres (aquí no influye para nada el sexo), de entre 25 y 55 años, con un poder adquisitivo medio-alto, que viajan en pareja y habitualmente en verano (en estancias de dos o tres jornadas) y durante las que gastan una media de 250 euros diarios, que no está nada mal.

Además, se trata de un tipo de turista informado que utiliza webs y apps vinculadas al destino, y cuyas actividades preferidas son, por este orden, comer en restaurantes, ir de tapas, comprar productos e ingredientes locales, mezclarse con el paisanaje visitando zonas populares como mercados, plazas y sitios similares y, por encima de todo, contarlo. Porque ¿alguien se imagina ya un viaje sin un poquito de postureo, también en el tema gastronómico? Pues eso. Porque como bien apuntaba nuestro añorado Luciano Pavarotti: “Una de las mejores cosas de la vida es que debemos interrumpir regularmente cualquier labor y concentrar nuestra atención en la comida”. Sabio consejo, sin duda. ¡Buen provecho y buen viaje!

Spanish tapas called pintxos of the Basque country

To Top