lunes, 27 mayo 2024

Luis Sanz abanderará el reciclaje de las palas de aerogeneradores

Este ingeniero madrileño liderará la pionera planta que EnergyLoop, compañía impulsada por Iberdrola y FCC Ámbito, pondrá en marcha en Cortes. Lo hará tras una larga experiencia en el tratamiento de residuos, que él insiste en llamar "recursos". A lo largo de esta entrevista, además, se nos desvela como un apasionado de la música, del impresionismo y de Gaudí.


Pamplona - 3 junio, 2023 - 06:00

Este ingeniero es un apasionado de la música, del impresionismo y de Gaudí. (Fotos: Víctor Ruiz)

Aunque en las fotos que ilustran esta entrevista no las lleva puestas, Luis Sanz, el director gerente de EnergyLoop, nos mira curioso detrás de unas gafas redondas cuando nos encontramos con él. Por algún motivo, ese complemento, su poblada perilla y su amabilidad nos trasladan a nuestra infancia para recordar al profesor Tornasol, uno de los fieles compañeros de Tintín.

La conversación, cercana y en la que nuestro interlocutor nos interpelará por el nombre varias veces, nos confirmará esa buena impresión inicial. Porque Sanz, nacido justo hace ahora 60 años en Madrid, casado y con un hijo de 25, habla con esa profundidad que solo da la experiencia acumulada con el paso del tiempo.

Ingeniero civil por la Universidad Politécnica de Madrid, su primer contacto con el mundo laboral fue el diseño de aparcamientos. “Estuve desde 1985 a finales de 1988 realizando el desarrollo de este tipo de proyectos. Es lo que tocaba en ese momento”, recuerda. En su caso, aquel paso supuso su entrada en FCC, grupo empresarial de servicios e infraestructuras en el que ha permanecido más de tres décadas.

El ingeniero Luis Sanz nació en Madrid hace 60 años, está casado y tiene un hijo de 25.

El ingeniero Luis Sanz nació en Madrid hace 60 años, está casado y tiene un hijo de 25.

“En 1989 me brindaron la oportunidad de entrar en el área de tratamiento de residuos, dentro del Departamento de Medio Ambiente”, concreta Sanz. Entonces “casi no había legislación” y, como única referencia, tenían “un famoso decreto de vertederos”. Estamos, por tanto, ante un testigo privilegiado de todo lo que ha llegado después sobre tecnología, legislación y concienciación en la materia. Un progreso que, en su caso, le resulta “absolutamente apasionante”. “He estado viendo, en una escala de uno a uno, cómo hemos evolucionado como sociedad, de tal forma que hemos dejado de mal llamar ‘residuo’ a lo que en realidad es un ‘recurso'», explica.

«Con EnergyLoop tengo sobre todo una inquietud personal, que pasa por generar una cultura del aprovechamiento»

Dentro de aquel departamento, pasó de técnico a jefe encargado de supervisar toda la actividad de contratación, el diseño de los planes de negocio y la formación de personas. Y, de ahí, a dirigir una de las centrales de recuperación que FCC tiene en torno a la capital de España. Precisamente, esta última responsabilidad le sirvió para prepararse ante el “el gran reto profesional” que debe afrontar de ahora en adelante: la dirección de EnergyLoop en la localidad navarra de Cortes, una de las primeras instalaciones de Europa especializada en el reciclaje de palas de aerogeneradores.

ALGO MÁS QUE UNA PROFESIÓN

Le pedimos que nos cuente las sensaciones que le suscita tamaña responsabilidad (EnergyLoop es una compañía impulsada por Iberdrola y por FCC Ámbito). «El acompañamiento del Gobierno de Navarra está siendo abrumador, todo están siendo facilidades y eso nos permite estar muy cómodos», confiesa. También reconoce que el proyecto va a suponerle, además, todo un hito personal. Y añade también el factor tecnológico: «No hay prácticamente ninguna normativa que regule la recuperación de materiales (los composites que forman parte de las palas) fabricados para durar veinticinco, treinta o 32 años a la intemperie y cuyo reciclaje nos hemos marcado ahora como principal objetivo».

“Tenemos que hacer esto bien. Con EnergyLoop tengo sobre todo una inquietud personal, que pasa por generar una cultura del aprovechamiento”, continúa. Oída esta afirmación, vemos en nuestro interlocutor a una persona “muy concienciada” con el medio ambiente, extremo que no tarda en ratificarnos. «Efectivamente, para mí esto es algo más que una profesión, es casi un modus vivendi«, señala.

"Para mí esto es algo más que una profesión, es casi un 'modus vivendi'", señala Sanz.

«Para mí esto es algo más que una profesión, es casi un ‘modus vivendi'», señala Sanz.

Y, justo en ese momento, llega la mayor sorpresa de la entrevista. Porque, al cuestionarle sobre sus aficiones, esperamos encontrarnos a un amante de la naturaleza, la montaña… “Soy músico, siempre he estado en bandas tocando cosas por ahí”, resalta. “Y me gusta mucho el arte. El impresionismo me vuelve loco, igual que la arquitectura. El otro día estuve en la Fundación Museo Jorge Oteiza, en un acto organizado por Sodena, y el tiempo que dediqué a ver la obra escultórica fue similar al que destiné a ver el edificio. Impresionante”, enfatiza.

«He estado viendo, en una escala de uno a uno, cómo hemos evolucionado como sociedad. Hemos dejado de mal llamar residuo a lo que en realidad es un recurso»

Ya que ha abierto la veda, seguimos profundizando en sus gustos. «¿Pintor favorito del impresionismo?». «Monet fue el que inició el movimiento, pero soy muy de Van Gogh. Tengo en casa uno absolutamente pirateado» (risas). «¿Y en arquitectura? Aquí, en Navarra, tenemos a Pachi Mangado, Rafael Moneo, Francisco Javier Sáenz de Oiza…» «Déjame irme más al clásico Gaudí. En la Sagrada Familia, el ejercicio que realiza de desarrollo estructural y creatividad me deja anonadado», afirma rotundo.

El tiempo apremia, y ese último comentario nos permite finalizar la entrevista haciendo un símil (no sabemos si acertado) entre las grandes «columnatas» del templo barcelonés y las estructuras de los aerogeneradores que ahora deberá gestionar desde su nuevo cargo.

Nuestro invitado acepta nuestro comentario porque le permite concluir con una defensa del ecodiseño, «que idea y construye cosas para luego ser recicladas». «No vale nada hacer algo que va a durar cien años si luego hay que tirarlo. Es mejor que dure un poco menos y tenga un uso fácil para reintegrarlo al ciclo de vida como hace la naturaleza», sentencia.

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