Ha transcurrido más de una década desde que el ingeniero agrónomo Miguel González se aventuró a emprender su propio negocio. ¿Su producto estrella? Las mermeladas artesanales. Fresa, grosella negra, pimientos del Piquillo… De sus dieciséis sabores, la de albaricoque es una de las favoritas del público.
«Hasta ahora, vendía de manera online y a tiendas pequeñas, pero en mi establecimiento no estaba anunciada la venta como tal. He adornado las instalaciones con una mesa y una estantería», explica satisfecho segundos antes de recalcar que su obrador ya cuenta con los correspondientes permisos para la venta al público. Una realidad que supone un paso importante en la evolución del proyecto. «En septiembre colocaré varios letreros en el local para captar la atención de los clientes», añade.
Precisamente, este nuevo espacio se centrará en comercializar estos productos inspirados en las recetas de su madre, que los elaboraba con ruibarbo, un peculiar vegetal de forma alargada y color rojizo. «Mi padre trajo de Suiza una planta de ruibarbo el mismo año en el que nací. Y, a partir de ahí, mi madre comenzó a hacer mermeladas de este vegetal. Eso sí, también hacía productos con otras frutas de la huerta. Pero, desde siempre, el ruibarbo es mi sabor preferido», recordó en un reportaje anterior de Navarra Capital, donde explicó cómo en 2023 se instaló en un pequeño obrador situado en el barrio de la Rochapea. «Trabajo en solitario, aunque de enero a junio cuento con la ayuda de un becario», agrega ahora.
PROYECCIÓN DEL NEGOCIO
Sus productos ya se venden en Madrid, País Vasco, Barcelona, Valladolid, Vitoria, Zaragoza y, por supuesto, Pamplona. Incluso han llegado al paladar de un empresario alemán: «Tiene un negocio de vinos y contactó conmigo para ver si podía incorporar estos productos en su tienda», detalla. Con una red de distribución amplia, González se plantea nuevos retos: de cara a 2026, su objetivo es aumentar la producción en un 20 %, manteniendo siempre la esencia artesanal que define su proyecto.
Además, suministra a distintos hoteles. «Trabajo en Pamplona con el Maisonnave y con pequeños hoteles de Gipuzkoa como, por ejemplo, la sidrería Petritegi. Quien viene a buscarme es alguien que cree en lo que hago. Y esa persona es la que mejor va a defender el producto», resalta orgulloso.













