martes, 23 abril 2024

Otros cinco paraísos desconocidos de Navarra (II)

Somos insaciables y creemos que usted también. Ya en una primera ocasión le presentamos varios rincones de Navarra que, pese a no figurar entre los más conocidos de la región, albergan una belleza digna de conocer. Nos hemos quedado con hambre de aventura y, por eso, volvemos a la carga. Esta vez le presentamos el monte Joar (o Yoar); el arco de Portupekoleze y la cueva de Lezaundi; el mirador de la Cruz de Burguía; la cueva de Arpea; y el monte Esparatz, desde el que se puede visitar la gruta de la Virgen de Lourdes.


Pamplona - 4 marzo, 2023 - 00:10

De izda. a dcha. y de arriba a abajo: la Virgen de Lourdes, el mirador de la Cruz de Burguía, el monte Joar, la cueva de Area y el arco de Portupekoleze. (Fotos: Navarra Capital)

Puede que el titular que ilustra este texto le resulte familiar. No, no está viviendo déjà vu ni es un artículo que hemos vuelto a publicar por equivocación. Hace un par de semanas le presentamos cinco parajes que, sin pertenecer a la lista habitual de rincones legendarios de la Comunidad foral, bien merece la pena visitar.

¿El problema? Que la belleza de esta tierra difícilmente puede resumirse en una corta enumeración. Como somos conscientes de ello, quisimos paliar esta situación con una propuesta de otras cinco rutas poco conocidas. No es un intento de abarcar todos los secretos naturales que se esconden entre valles, bosques y montañas navarros. Tan solo pretendemos ofrecer opciones para quienes, deseosos de una escapada exprés, quieran evitar aglomeraciones sin renunciar a planes atractivos.

SANTUARIO DE CODÉS (MONTE JOAR)

Las malas lenguas cuentan que, en el año 575, el rey visigodo Leovigildo atacó a la población afincada en el monte Cantabria, próximo al municipio de Logroño. Algunos de los supervivientes de esta ofensiva, al parecer, se refugiaron en la sierra de Codés, donde enterraron un par de reliquias y una imagen de la Virgen María. Aquellos tesoros fueron encontrados siete siglos más tarde por un pastor que merodeaba por el lugar. Y ese hallazgo fue la primera piedra que despertaría una intensa devoción mariana. Todo ello desembocó en el santuario de Nuestra Señora de Codés, ubicado en Torralba del Río.

Pero el lugar, más allá de su valor histórico, da cobijo a un idílico entorno natural, coronado por el monte Joar (o Yoar). Emplazada en la frontera entre Navarra y Álava, esta cumbre de más de 1.400 metros de altitud ofrece unas vistas espectaculares. Se trata de un recorrido apto para quienes no están acostumbrados a aventuras de gran calado, aunque es una cima de cierta exigencia y siempre es recomendable tener a mano un GPS para no perderse en las distintas bifurcaciones del camino. Y no olvide llevar consigo un móvil con buena cámara. En la vida no tenemos demasiadas certezas, pero le aseguramos que querrá conservar algún recuerdo de sus preciosos riscos. Por cierto, la ruta circular atraviesa también un tupido hayedo, que merece la pena recorrer.

ARCO DE PORTUPEKOLEZE

Conocer este monumento de grandes dimensiones, que bien podría ser la entrada a un mundo de fantasía, es una empresa sencilla incluso para quienes suelen pelearse con el Google Maps. En este lugar no hay secretos: basta con aparcar en las inmediaciones de la venta de Lizarraga y seguir un camino que resulta bastante intuitivo. Tras abandonar el coche, es preciso tomar la pista que sale a la izquierda del restaurante. Luego, después de caminar unos 500 metros, se encontrará con otra pista a la derecha, junto a una borda hacia la cresta de la montaña. ¡No se asuste! Llega un momento en el que parece que el camino se difumina. Concéntrese en subir la cuesta y llegará un momento en el que encontrará el arco de Portupekoleze a sus pies. Ahora sí podrá rodear la dolina para pasar por debajo del arco.

En todo caso, merece la pena caminar un poquito más, acercarse al precipicio y disfrutar así de la majestuosidad que ofrece el valle de Ergoiena y la Sakana, con su archiconocida sierra de Andía (con el monte Beriáin presidiéndola). Y, por qué no, esta puede ser la ocasión perfecta para hacer una ruta circular y visitar también la cueva de Lezaundi.

MIRADOR DE LA CRUZ DE BURGUÍA (FOZ DE ARBAYÚN)

De una extensión de 5,6 kilómetros y unas paredes verticales de hasta 300 metros de desnivel, la foz de Arbayún, tallada por el río Salazar al penetrar en la sierra de Leyre, es tan valiosa que cuenta con los títulos de Reserva Natural y Zona de Especial Protección de las Aves. Para apreciar al máximo esta maravilla -con su vegetación, su garganta y su colonia de buitres-, proponemos subir a un rincón poco frecuentado por los visitantes y perfecto, por tanto, para disfrutar en soledad: el mirador de la Cruz de Burguía, al que se llega desde una ruta cercana a Bigüézal.

Lo más sencillo es tomar la carretera en dirección a la cima del Arangoiti. Tras aproximadamente un kilómetro, encontrará una zona de parking a la izquierda. Al principio la pista es llana, con leves ascensos y descensos. Atisbará que está cerca de su destino cuando pase por un hayedo. Como se trata de un recorrido relativamente corto -una hora de ida y otra de vuelta- este paseo es ideal para aquellos que quieren disfrutar de la naturaleza junto a los más pequeños de la casa.

CUEVA DE ARPEA

Cada vez es más conocida y, como el rincón que la precede, la cueva de Arpea es un destino fantástico tanto para montañeros experimentados como para familias que viajan con niños pequeños. Todo es cuestión de dejar el coche más lejos o más cerca, según la distancia que se quiera recorrer.

La leyenda indica que este espacio era el refugio de las lamias, unas hermosas sirenas de la mitología vasca y navarra que vivían a las orillas de los ríos, donde peinaban sus melenas y hechizaban a los hombres. Esta ruta se sitúa justo en el término del Pirineo navarro, justo en la frontera de la Comunidad foral y Francia. En concreto, la formación geológica que ha ido adoptando plegamientos con el paso de los años se encuentra muy próxima a Orbaiceta.

Además de contemplar la cueva, por el trayecto merece la pena hacer dos parones para conocer la Real Fábrica de Armas de Orbaiceta, construida en el siglo XVIII sobre una ferrería del valle de Aezkoa por orden del rey Carlos III, o la estación megalítica de Azpegui, muy cerca de Orbaizeta, con los crómlech de Azpegui y Organbide.

MONTE ESPARATZ (VIRGEN DE LOURDES)

Uno de esos rincones escondidos y de fácil acceso. Así es la bonita cascada de Salinas de Oro, a la  que se llega desde el pueblo navarro que le da nombre y que conserva, en la actualidad, una de las pocas producciones de sal de manantial activas. Pero seríamos poco ambiciosos si solo le presentáramos esta alternativa.

Por eso, le invitamos a subir la cima de Esparatz -a unos 1.022 metros de altitud-, desde la cual es posible vislumbrar el imponente embalse de Alloz. Por el camino, además, se topará con algunas sorpresas. Una de ellas es la ermita de San Jerónimo, al abrigo de la Peña Grande.

Esta construcción de origen medieval le llevará, a su vez, a un curioso refugio que frecuentaban algunos ermitaños hasta mediados del siglo pasado. Es la gruta de la virgen de Lourdes. Sí, ha leído usted bien. ¡Existe una cueva de la Virgen de Lourdes en Navarra! Sea devoto o no, a nosotros no se nos ocurre un mejor plan, sobre todo con la llegada de la Javierada.

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