jueves, 29 febrero 2024

Paciencia y disciplina: el rumbo solo puede ser alcista

Según el autor, ningún aspecto es más determinante que la innovación de cara al futuro de la economía, igual que lo ha sido en el pasado. "Ahora estamos en la fase temprana de una nueva revolución: la Inteligencia Artificial (...). No debemos caer en un clima de ingenuo optimismo, pero tampoco debemos ignorar una realidad tan poderosa como la revolución tecnológica en curso solo porque no sea cuantificable o medible", defiende.


Pamplona - 22 enero, 2024 - 18:08

Jesús Mariñas.

Jesús Mariñas.

Hace unas semanas, un amigo y colaborador profesional me descubría esta frase de Mark Twain: «He tenido muchas preocupaciones en mi vida, la mayoría de las cuales nunca ocurrieron». Me vino entonces a la cabeza una cita muy popular de Paul Samuelson (Premio Nobel de Economía), que califica de muy pesimistas a los economistas porque han predicho nueve de las últimas cinco recesiones. El año 2023 es un perfecto ejemplo porque será recordado para siempre como el año de la recesión más temida y anticipada de la historia, que finalmente se quedó en nada. Terminó con un fuerte rally alcista en los mercados financieros, a pesar de que se siguen escuchando alarmas sobre la llegada de una ralentización económica.

La realidad es que pocos economistas suelen tener en cuenta lo que, sin embargo, es clave para determinar nuestro futuro. Si miramos el pasado durante un período largo (por ejemplo cien años), ¿cuál ha sido el dato más importante para explicar la evolución de la economía y la sociedad? La respuesta es muy sencilla: la innovación. Ningún otro aspecto es más determinante de cara al futuro, igual que lo ha sido en el pasado.

Ningún economista puede incluir la innovación en sus ecuaciones puesto que, por definición, es abstracta y no cuantificable. ¿Quién iba a predecir la llegada y el desarrollo de internet en los años noventa del siglo pasado y todos los avances de las décadas posteriores? Ahora estamos en la fase temprana de una nueva revolución aún mayor: la Inteligencia Artificial. Por supuesto, afrontamos temibles desafíos como el envejecimiento de la población en Europa y en todo Occidente, y una explosión de la deuda sin precedentes. Por ello, no debemos caer en un clima de ingenuo optimismo, pero tampoco debemos ignorar una realidad tan poderosa como la revolución tecnológica en curso solo porque no sea cuantificable o medible. De hecho, la Inteligencia Artificial tiene tantas ramificaciones y externalidades de mayor crecimiento económico que es imposible imaginar todas sus consecuencias. Por no hablar de las siguientes innovaciones que vendrán y que ahora ni siquiera imaginamos.

«Ningún economista puede incluir la innovación en sus ecuaciones puesto que, por definición, es abstracta y no cuantificable»

La clave del futuro de nuestras economías está en esas innovaciones y desarrollos aún por venir. No sabemos cuándo ni cómo tomarán forma. Seguramente serán más lentos de lo que muchos anticipan y muy diferentes de lo que cualquiera pueda imaginar. Pero es altamente probable, como ha sido en el pasado, que la creatividad y la innovación humana superen las expectativas más razonables. Así ha sido siempre y así seguirá siendo. El proceso es lento, pero imparable.

La historia de la humanidad es la historia de una permanente huida hacia delante. Creamos problemas… pero también soluciones. El endeudamiento masivo es un problema, aunque no debemos olvidar que también existe un ahorro masivo acumulado. Sea como sea, el futuro nos deparará una solución imaginativa, en paralelo a un desarrollo tecnológico sin precedentes.

«La historia de la humanidad es la historia de una permanente huida hacia delante. Creamos problemas, pero también soluciones»

Un economista o un periodista observan el aquí y el ahora, y es mucho más fácil ver problemas que soluciones. Siempre suena más inteligente plantear problemas y cosas que no funcionan, en vez de decir «tranquilos, todo irá bien». Sin embargo, esas soluciones llegarán tarde o temprano, y los descubrimientos científicos ayudarán a seguir avanzando.

Como inversores a largo plazo, apostamos por esa creatividad e innovación, por esa revolución tecnológica en curso. Todo esto se verá reflejado en las empresas -cotizadas o no-, puesto que son ellas las responsables de esa revolución tecnológica.

El año 2024 se presenta apasionante. La Inteligencia Artificial seguirá estando en boca de todos y seguro que aparecerán novedades increíbles. Pero no somos ingenuos optimistas, no todos los años serán positivos, sabemos que llegarán recortes, accidentes, caídas… para después volver a subir. La volatilidad es inherente a los mercados financieros pero, como sabemos que debemos ser inversores de largo plazo, miraremos más lejos de lo que ocurra en los mercados durante un año: «Que los árboles no nos impidan ver el bosque».

«La volatilidad es inherente a los mercados financieros, pero miraremos más lejos de lo que ocurra durante un año»

La dirección, el rumbo, es al alza, pero por el trayecto (casi) todo es posible. No nos interesarán los vaivenes de un trimestre o de un año en concreto. Nos interesarán los vientos de cola, la marea de fondo. La que podemos capturar si perseveramos en la inversión, ajenos al «ruido» y las noticias del corto plazo.

Para terminar, permitidme que tome de mis recuerdos una cita que repetía mucho mi padre (1944-2022): «Vísteme despacio que tengo prisa». Él sostenía que Napoleón Bonaparte había acuñado esta frase, pero quizá fue Carlos III o el emperador romano Augusto o cualquier otro. Sea cual sea el antecedente histórico, lo cierto es que hoy en día sigue teniendo plena vigencia y se aplica tanto a la vida como al mundo de la inversión, donde la disciplina y la paciencia son la clave del éxito.

Jesús Mariñas

Socio director de JDS Capital


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