Hay gestos que no salen en las estadísticas, pero sostienen lo imprescindible. El pasado lunes, en Pamplona, la Navidad del Banco de Alimentos de Navarra fue algo más que una celebración: fue un acto de gratitud colectiva hacia quienes, sin buscar protagonismo, hicieron posible que la solidaridad no se detuviera ni siquiera en uno de los momentos más delicados de su historia reciente.
La Fiesta de Navidad de la Fundación Banco de Alimentos de Navarra reunió a más de un centenar de personas que forman parte de su red humana: voluntarios y voluntarias, empresas colaboradoras, patronos y personas reconocidas con los Chalecos Solidarios 2025. Todas ellas comparten una misma convicción: ayudar es una responsabilidad compartida.
El encuentro estuvo atravesado por la emoción desde el primer momento. Un vídeo de agradecimiento recordó que el verdadero motor del Banco de Alimentos son quienes regalan su tiempo cada día. Después, la presidenta de la entidad, Marisol Villar, puso palabras a un sentimiento colectivo: “Navarra sigue siendo tierra de solidaridad”. Y los datos lo avalan. En un contexto estatal de descenso de donaciones, Navarra volvió a superar en 2025 las cifras del año anterior, tanto en la Gran Recogida de mayo como en la de noviembre.
Ese respaldo ciudadano y empresarial fue decisivo cuando la Fundación se vio obligada a afrontar un reto mayúsculo: el traslado forzoso de su sede. Una operación compleja, imprescindible para garantizar la continuidad de su labor social, que exigía reunir más de 300.000 euros en tiempo récord. La respuesta fue inmediata. La suma de pequeños y grandes apoyos permitió completar el cambio de instalaciones durante el verano y asegurar que ningún reparto se quedara atrás.
Por eso, los Chalecos Solidarios 2025 están “marcados por la solidaridad”. Este año, el reconocimiento se ha centrado en quienes, de manera totalmente altruista, aportaron su conocimiento, su trabajo y su compromiso para hacer posible el traslado. Profesionales técnicos, empresas, colectivos culturales y personas anónimas que demostraron que la solidaridad también se expresa en planos, camiones, cámaras frigoríficas o conciertos benéficos:
- Conrado Capilla (arquitecto)
- Miguel Ibáñez (ingeniero)
- César Sesma
- El grupo vocal Tempo d’intermezzo, por organizar un concierto solidario para recaudar fondos
- Héctor Morales, por parte de la empresa VDR
- Pablo Pastor, por parte de la firma d’aucy
- y la empresa Cerramientos Alzairu, que estuvo representada por Javier.

Los Chalecos Solidarios 2025, “marcados por la solidaridad”, junto a la directiva del BAN y miembros del Patronato.
El acto sirvió también para mirar al largo plazo y agradecer la constancia. Voluntarios y voluntarias con más de diez años de dedicación recibieron un reconocimiento que arrancó aplausos sinceros:
- Mariluz Murguialday | Mancomunidad
- Teresa Lamana | Nave de Tudela
- Fernando Arnedo | Nave de Tudela
- Jesús Diago | OPFH
- Alicia Sucunza | Mancomunidad
- Mirentxu Vallejos | Entidades Sociales
- Pablo Gil | Chófer
- Luis Esparza | Pedidos

Voluntarios y voluntarias del BAN reciben un reconocimiento por sus diez años de trabajo, y también por haber cumplido 80.
Especialmente emotivo fue el homenaje a Mikel Arburua, chófer del Banco de Alimentos, que a sus 80 años sigue siendo una pieza clave en el engranaje diario de la entidad. Su ejemplo resume el espíritu de esta organización: estar, siempre estar.
La gala concluyó con una certeza compartida. Detrás de cada kilo de alimentos repartido hay una red invisible de personas que no se resignan a mirar hacia otro lado. Los Chalecos Solidarios no son solo un premio: son el símbolo de una comunidad que, cuando hace falta, se pone en pie para cuidar de los suyos.













