viernes, 5 junio 2026

De Carcastillo a California para cuidar el planeta a través de la alimentación

Antes de aterrizar en el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias, Ujué Fresán trabajó en el CSIC, Loma Linda University, el ISPLN, el Instituto de Salud Global... Recientemente fue reconocida por el programa L'Oréal-Unesco 'For Women in Science'.


Pamplona - 4 junio, 2026 - 22:45

Ujué Fresán, natural de Carcastillo, es científica en el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA). (Foto: cedida)

«Normalmente, cuando alguien piensa en una persona que se dedica a la ciencia, suele imaginarse a un científico loco haciendo experimentos con humo en un laboratorio. Esa imagen puede ser real, sí, pero no es lo que hacemos todos los científicos». Las palabras de Ujué Fresán invitan a mirar más allá de los estereotipos. Detrás de su profesión hay una curiosidad que germina despacio y una vocación que nació en un lugar cotidiano. En su caso, todo comenzó entre plantas medicinales, frascos ordenados y el silencio luminoso de una farmacia. Cuando era niña soñaba con ser farmacéutica. A menudo acompañaba a su familia a comprar algún que otro medicamento y observaba aquel espacio con admiración: la limpieza impecable, el orden de los estantes, la precisión con la que cada producto ocupaba su lugar… Había algo en aquella armonía que sentía como suya. La ciencia llegó después.

Aquella fascinación infantil la llevó a estudiar Farmacia en la Universidad de Navarra. «En quinto año, teníamos una asignatura de Salud Pública que me gustaba mucho. Eso me empujó a realizar el Máster en Salud Pública de la Universidad Pública de Navarra (UPNA). Quería dedicarme a investigar en ese ámbito», apunta.

Durante aquellos años, aprovechó cada verano para acercarse un poco más al mundo de la investigación. Solicitaba becas, se incorporaba a grupos científicos como estudiante colaboradora y observaba desde dentro cómo nacía el conocimiento. Mientras muchos veían las vacaciones como un paréntesis, ella las convertía en una ventana abierta a la ciencia. Aquel camino la llevó hasta Barcelona, donde realizó su tesis doctoral en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Fueron cuatro años de trabajo intenso y pequeños descubrimientos. Su proyecto se centró en un ámbito tan diminuto como fascinante: comprender cómo se regulan los genes en las moscas. «Sin embargo, cuando me senté a escribir supe que no era para mí. Así que reenfoqué mi carrera investigadora y regresé a Pamplona para trabajar en el Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra», agrega.

ABRIR LOS OJOS

De repente, la escala cambió. De los genes pasó a las personas, y de los mecanismos microscópicos a las decisiones cotidianas que tomamos cada día alrededor de una mesa. Su investigación comenzó a centrarse en la alimentación y en cómo lo que comemos puede influir en nuestra salud. Estudiaba la relación entre la dieta y enfermedades como la diabetes, las patologías cardiovasculares o la obesidad. Buscaba comprender cómo nuestros hábitos alimentarios pueden convertirse, a largo plazo, en factores de riesgo o en herramientas de prevención.

Un día cayó en sus manos un folleto. No era especialmente llamativo ni contenía grandes revelaciones, pero escondía una idea capaz de cambiar una trayectoria completa. Hasta entonces, Ujué había leído incontables documentos sobre dietas saludables. Aquel hablaba de algo distinto: dietas sostenibles. Solo una palabra las separaba. «En ese momento cambió mi forma de ver la alimentación, la investigación y la vida en general. Abrí los ojos», relata.

Aquel concepto de sostenibilidad ampliaba el foco. La alimentación dejaba de ser únicamente una conversación entre nuestro plato y nuestro cuerpo para implicar también al planeta, a los recursos naturales, a las generaciones futuras y a la forma en que nuestras decisiones diarias repercuten mucho más allá de nosotros mismos. «Propuse abrir una línea de investigación sobre dietas sostenibles. Después de acudir a un congreso y presentar los resultados, un investigador estadounidense se puso en contacto conmigo y me ofreció ir a California. Dije que sí», detalla.

RUMBO A CALIFORNIA

Al llegar a Estados Unidos, el paisaje parecía hablar otro idioma. La luz, la escala de las ciudades, el ritmo de las personas… Pero, sobre todo, lo que cambió fue el lugar desde el que miraba la alimentación. Allí comenzó a trabajar en una línea de investigación centrada en las dietas vegetarianas y, más concretamente, en aquellas basadas en plantas. De pronto surgieron nuevas preguntas: ¿Qué impacto tiene este tipo de dieta en la salud? ¿Y en el planeta? ¿Puede una forma de alimentarse contribuir a vivir más y mejor?

En ese camino, fichó por Loma Linda University. En concreto, Loma Linda es una ciudad que forma parte de lo que se conoce como las «zonas azules» del planeta. Se trata de regiones donde las personas viven más tiempo y de forma más saludable que la media. No es solo una cuestión de genética, sino de estilo de vida: la alimentación, el movimiento cotidiano, los vínculos sociales, el sentido de comunidad y la manera de habitar el tiempo. «Solo hay cinco zonas azules en el mundo y tuve el privilegio de vivir en una de ellas. Fue una experiencia increíble», rememora.

«Pero, después de unos años allí, sentía que debía volver a Navarra», suspira. Así, volvió a casa para incorporarse al Instituto de Salud Pública y Laboral de Navarra. Uno de los ámbitos más significativos de aquella etapa fue su trabajo con personas con VIH en el Hospital Universitario de Navarra: «Aprendí y crecí muchísimo. Luego llegó la pandemia y pasé a estudiar factores de riesgo en el Covid-19«.

Tras aquella etapa marcada por la urgencia y la incertidumbre global, su trayectoria volvió a girar y regresó a Barcelona para trabajar en el Instituto de Salud Global, un espacio donde la investigación conecta la salud humana con los grandes desafíos planetarios. «Creé una aplicación sobre dietas sostenibles para educar a la población», concreta para acto seguido remarcar que, desde el pasado septiembre, ejerce como científica titular en el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA).

VELAR POR EL PLANETA

«Muchas veces se habla de cambio climático y enseguida pensamos en el transporte. Pero el sistema alimentario también es responsable de los gases de efecto invernadero. De hecho, un tercio de ellos viene de este sector», matiza. Cada elección que hacemos al llenar la cesta de la compra forma parte de una cadena más amplia de lo que imaginamos. Detrás de cada alimento existe un recorrido que comienza mucho antes de llegar al supermercado. La forma en que se cultivan los productos, el uso de agua y energía, los fertilizantes empleados en la agricultura, la alimentación del ganado, el procesamiento industrial, el transporte o incluso el desperdicio alimentario generan un impacto ambiental: «La alimentación no solo influye en nuestra salud, también en la salud del planeta».

Fruto de su investigación, recientemente fue reconocida por el programa L’Oréal-Unesco ‘For Women in Science’. «Cuando me comunicaron que me habían seleccionado, sentí una alegría inmensa. Estoy encantada», apostilla.

A sus 38 años, hay una pregunta que a veces se hace: cuándo comenzó realmente todo. Y, aunque la respuesta podría situarse en una universidad, en un laboratorio o en alguno de los muchos proyectos que han marcado su carrera, ella sospecha que el origen está mucho más atrás. Quizá en su Carcastillo natal.

Aquella niña que corría al aire libre no pensaba en emisiones ni en sistemas alimentarios. Pero aprendía, sin saberlo, a mirar. Reconocía los cambios de las estaciones, el color de los campos, la importancia del agua cuando escaseaba y la estrecha relación que existe entre las personas y el paisaje que habitan. Tal vez por eso, cuando hoy habla de alimentación sostenible, no lo hace únicamente desde la ciencia. También hay algo de aquella joven de pueblo que amaba el entorno que la rodeaba. Como si, después de recorrer laboratorios, hospitales y universidades de distintos países, su trabajo hubiera terminado regresando al mismo lugar donde empezó todo: a la convicción de que aquello que nos sostiene merece ser cuidado.

Suscríbete gratis a nuestras newsletters

De lunes a viernes, recibe la newsletter que recoge toda la actualidad económica y empresarial de Navarra, así como nuestros contenidos exclusivos. El fin de semana, con Vanity Capital, descubre las últimas novedades en la industria de la satisfacción personal.

Suscríbete a nuestra newsletter diaria y/o a Vanity Capital


To Top

Has decidido rechazar las cookies

Al aceptar las cookies no solo acepta publicidad personalizada, sino que también está apoyando un servicio de información de calidad, basado principalmente en contenidos periodísticos de elaboración propia. Por tanto, favorece que Navarra Capital pueda seguir ofreciéndole, sin necesidad de pagos ni suscripciones, toda la actualidad del tejido empresarial de la Comunidad foral.

Si lo desea, puede aceptarlas pulsando el botón inferior. Además, siempre podrá volver a rechazarlas en el apartado 'Configuración' en la página de política de cookies.