El valle del Baztan, uno de los lugares más idílicos de Navarra, se caracteriza por sus suaves colinas, verdes prados en los que pastan rebaños de ovejas, bosques de hayas y robles, helechales, regatas que conforman bellas cascadas, bucólicos caseríos… En Baztán se respira calma, paz y tranquilidad. Sin embargo, en el corazón de este plácido valle, se levanta y sobresale el monte Auza. Se trata de un imponente pico, de más de mil trescientos metros de altitud que, por su papel predominante, los vecinos lo apodan el Gigante de Baztan.
Esta monumental montaña está repleta de misterio. Según cuenta la leyenda, el Gigante de Baztan alberga un gran tesoro repleto de oro que está escondido en una de las cavidades del monte Auza. El tesoro está custodiado y los guardianes son una serpiente y un macho cabrío. El botín es de valor incalculable, pero, según narra la leyenda ninguna persona puede llevárselo. Inexpugnable. Esta imposibilidad de acceder al tesoro se refuerza con la expresión popular en euskera que avisa de la presencia de «cosas» que nadie puede tomar: Auza, han baduk gauza, baina neok ezin ar. En castellano se traduce como Auza, hay allí cosas, mas nadie puede tomarlas.
Hasta un sacerdote de Aldude, una localidad francesa situada en en el departamento de Pirineos Atlánticos, intentó llevarse el tesoro, pero fue imposible. El sacerdote accedió a la cueva y la serpiente empequeñecía con sus rezos, pero volvía a su tamaño original cuando sus manos tocaban el oro. Se dio por vencido, salió de la cueva sin el tesoro y, en ese momento, una voz misteriosa que procedía del interior le advirtió de que se había «salvado de una muerta segura» gracias a lo que llevaba sobre su pecho: una hostia consagrada.

La cima ofrece vistas panorámicas espectaculares al resto del valle y Pirineos.
Ascender al Gigante de Baztan también tiene otras dos recompensas. La primera, disfrutar, en días despejados, de unas espectaculares vistas panorámicas del valle y de las cimas pirenaicas. Además, se pueden observar los Penitentes de Auza: unas lajas de piedras verticales, de considerable tamaño y puntiagudas que son productos de la erosión. La lluvia y el viento han moldeado las rocas durante siglos dejando las puntas afiladas. Su nombre, Penitentes de Auza, proviene de su forma, que se asemeja a las túnicas que usaban los penitentes religiosos, o a las agujas de las estrellas de nieve, debido a su estética y a que son muy afiladas.
DESDE IZPEGI
La principal ruta para ascender al monte Auza parte desde el alto de Izpegi, ubicado en la frontera entre Navarra y Francia. Se trata de una ruta circular de 10 kilómetros de distancia, desnivel positivo acumulado de 740 metros y, dependiendo del nivel físico, se realiza en unas tres-cuatro horas. Esta excursión permite conocer la necrópolis de Elorrieta: un importante yacimiento funerario prehistórico situado en un collado bajo la cima de Elhorriko Kaskoa. Esta necrópolis se caracteriza por la presencia de numerosos vestigios megalíticos, como una veintena de cromlechs.
Para reponer fuerzas, se puede comer en Berako Benta, ubicado en lo alto de puerto de Izpegi. Hace cinco años, Idoia y Xavi abrieron este negocio de hostelería, una vieja venta que estaba cerrada desde hace dos décadas y que rehabilitaron totalmente para poder ofrecer un servicio de bar-restaurante a vecinos y turistas que visitan el valle de Baztan: migas del valle con huevo ecológico, shiitake y ali oli de ajo negro, arroz de cordero al chilindrón, filete de trucha de Baigorri marinada a la pimienta de Ezpeleta, quesos locales con nueces…
DESDE ERRATZU
La segunda opción sale desde el barrio de Iñarbil, en la localidad de Erratzu. Esta ruta es más larga y mucho más dura: desnivel cercano a los 1.000 metros, una duración de unas cinco, seis horas y una distancia aproximada de dieciséis kilómetros.

Homenaje a dos montañeros fallecidos en el pico de Ori.
Si, cuando se termine, aún se tienen fuerzas suficientes, se puede visitar la cascada de Xorroxin: un salto de agua de cuatro metros de altura del arroyo Iñarbegi, afluente del Bidasoa. Este precioso paraje también está rodeado de misterio. Cuenta la leyenda que en este lugar, junto a las corrientes de agua, vivían las lamias: seres mitológicos con cuerpo de mujer y cola de pez que se peinaban los cabellos con peines de oro. Una de estas lamias, narra el mito popular, se enamoró de un pastor de Erratzu que llevaba su rebaño a pastar en los prados situados en las inmediaciones de la cascada. El pastor rechazó a la lamia y esta derramó tantas lágrimas que se formó el actual salto de agua.













