sábado, 24 febrero 2024

Los cultivos de secano y regadío corren un grave peligro por la escasez de agua

El campo navarro "reza", en sentido literal, para que llueva durante los próximos meses. Desde una profunda preocupación, agricultores consultados por Navarra Capital auguran importantes mermas de sus cosechas, que pueden arrastrar a toda la cadena agroalimentaria, si el clima no cambia a corto plazo. En este sentido, temen restricciones y pérdidas que aún no se atreven a cuantificar, ya que el problema les sobreviene con las inversiones ya realizadas y los contratos para dar salida a sus productos firmados.


Pamplona - 23 marzo, 2023 - 19:15

"Es probable que haya restricciones en el campo y en el consumo particular", auguran los productores. (Foto: Maite H. Mateo)

Sean creyentes, ateos o agnósticos, en el campo navarro todos los agricultores rezan para que llueva en abundancia durante las próximas semanas. Su súplica no se basa en temores infundados, sino que viene respaldada por los últimos datos publicados por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Si los pantanos navarros se encontraban al 84,10 % de su capacidad por estas fechas en 2022, en estos momentos apenas llegan al 65,26 %. Un dato que contrasta, además, con la media registrada del 80,66 % registrada en los últimos diez ejercicios.

El embalse de Alloz, por ejemplo, se sitúa en el 48,48 % (una bajada de casi el 35 % términos interanuales). El de Itoiz, por otra parte, en el 63,79 % (-20,86 %); y el de Yesa, en el 66,22 % (-22,12 %). Menos dramático es el descenso que presenta el embalse de Eugui (76,19 %, un 4,76 % menos que a principios de la primavera de 2022). Añarbe, Irabia y Urdalur registran los mismos niveles del año pasado, mientras que solo los de Nagore y San Antón están al 100 %.

«Los agricultores están muy nerviosos”. Quien resume este sentir colectivo es Raquel Sesma, directora de Frutas y Hortalizas en Fresco del Grupo AN. A su juicio, la zona en la que se respira «más preocupación» es la que se surte del canal de Lodosa. «Por el porcentaje de agua que tiene, es posible que no se puedan cubrir cultivos que tenemos que poner ahora para recolectar incluso en agosto, como puede ser el tomate. El problema no es sembrarlo, sino que, si no llueve de aquí a un mes o dos, no va a haber reservas para regar esas plantaciones en mayo y junio. Igual habría plantaciones que tendrían que ir al 50 % de su superficie, cuando muchas estructuras están creadas para el 100 % de una explotación”.

Raquel Sesma: «Los agricultores están muy nerviosos»

El contexto no solo resulta amenazante a corto plazo. A su juicio, puede generar «una cadena» de consecuencias en todo el sector agroalimentario. «No nos preocupamos solo por los cultivos de ahora. Si no hay agua, el brócoli, la coliflor, el puerro o el cardo no se van a poder poner. Además, existen cultivos plurianuales, como la alfalfa o los cereales, en los que la inversión ya está hecha». A ese posible escenario se añade el hecho de que, dentro del sector, “ya se han firmado contratos para dar salida a estos productos”. No se trata, por tanto, de un problema que afecte solo al agricultor, sino que arrastra a otros agentes.

Sobre esa “gran incertidumbre” también reflexiona Cristian Martínez, vicepresidente del Grupo de Trabajo de Jóvenes de Cooperativas Agroalimentarias de España, representante del Grupo de Jóvenes de la Unión de Cooperativas Agroalimentarias de Navarra (UCAN) y finalista de los Premios Alimenta Navarra 2021 en la categoría de Relevo Generacional en el Campo. “Ya hemos enviado la implantación de los cultivos a Europa y hay un planning de lo que vamos a sembrar, pero estamos ante la expectativa de cómo van a estar los pantanos. Si no llega el agua o si se queda a medias, casi es mejor que te ahorres los cultivos”, admite el agricultor. Como Sesma, el joven tudelano matiza que las perspectivas no son uniformes dentro del sector. “El pantano de Itoiz todavía tiene reserva, pero la Ribera no se surte principalmente de allí -argumenta-, sino del embalse del Ebro, que está muy deficitario. Aunque se oye el globo sonda de cuánto va a haber que dejar de cultivar en tierra, todavía no hay ninguna certeza. Eso es un aspecto muy negativo: no sabemos si va a haber agua o no”.

En la Cooperativa Figueras, fundada por su abuelo paterno, Martínez siembra guisantes, maíz y otros cereales para piensos, tanto en regadío como en secano. “Productivamente, todo lo que sale de este último es muy escaso en esta zona. Llueve poco y, por lo tanto, estamos acostumbrados a coger poca cantidad. La incertidumbre es peor en regadío, donde nos valemos de tuberías que conectan con pantanos”.

Cristian Martínez: «La Ribera se surte principalmente del embalse del Ebro, que está muy deficitario»

Unos 60 kilómetros separan las tierras de Martínez de las que gestiona Gonzalo Visus, vocal de Hortícola en UCAN. Como el resto de sus colegas, este joven agricultor asentado en Murillo el Fruto expone sin endulzar la difícil situación que atraviesa. “Si no llueve, se va a fastidiar todo. Llevamos más de dos meses sin que caiga una gota. El pantano de Yesa está bastante bajo y de la nieve no se espera gran cosa. En secano, que es lo que está peor, el trigo está aguantando la poca humedad que tiene”, reconoce.

EL MIEDO A LAS RESTRICCIONES

Todos los entrevistados vaticinan que, a menos de que la climatología cambie y juegue a su favor, las autoridades limitarán el uso de agua: “Cuando llegue el momento -lamenta Sesma-, es probable que haya restricciones tanto en el campo como en el consumo particular. Estamos en alerta, expectantes ante todo lo que pueda pasar. Hay que tener en cuenta que ya se ha invertido mucho dinero en semillas, plantas y maquinaria, por lo que, si los cultivos no se desarrollan finalmente, los agricultores van a perder dinero”.

Martínez tampoco parece capaz de vislumbrar otra alternativa. “Ya no es que cuestionemos si habrá o no restricciones, sino que directamente se está planteando qué porcentaje de superficie se tendrá que dejar de cultivar. Casi se da por hecho que habrá merma”, zanja. Y esa previsión le advierte de un probable golpe en su bolsillo. “Puede que quien disponga de su propia tierra no obtenga ni beneficios ni pérdidas. Para los que tienen una explotación arrendada, no obstante, ya existe un gasto, con independencia de que se den los cultivos o no. A eso hay que sumar las inversiones que uno hace y prevé amortizar en diez años, pero siempre con el 100 % de la explotación en mente. El año pinta mal. Por eso, me entristece mucho cuando algunos echan la culpa al sector de que exista el cambio climático: los principales afectados vamos a ser nosotros. Sin agua, no hay alimentos”, defiende.

Gonzalo Visus: «Ahora mismo, en la zona en la que trabajo solo tenemos un riego al día»

“Ahora mismo, en la zona donde trabajo solo tenemos un riego al día. Si el tiempo no acompaña, nos quedaremos así, y esa cantidad de agua resulta muy escasa”, concluye Visus, también finalista de los Premios Alimenta Navarra 2021 en la categoría de Relevo Generacional en el Campo.

Aferrado a la esperanza de tiempos mejores, el sector agroalimentario no vislumbra un plan ‘b’ que le permita garantizar su actividad a pleno rendimiento. “Hay lugares en los que, por estar cerca del mar, se podrían poner en marcha depuradoras para obtener y tratar el agua. Aquí dependemos de lo que nos llueva, no tenemos margen de maniobra. La climatología es el recurso con el que contamos”, remarca Sesma.

Esa realidad incontestable lleva a la directora de Frutas y Hortalizas en Fresco en el Grupo AN a plantear la necesidad de articular respuestas que permitan sobrellevar esta situación: “El clima cambia y posiblemente tendremos que adecuarnos a eso. Sin embargo, creo que es un proceso que ni los agricultores ni los consumidores somos capaces de asimilar. Yo rezo para que llueva, sabiendo que no necesariamente va a ocurrir lo que nosotros queramos que suceda”.

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