sábado, 2 marzo 2024

Maite Agüeros es muy ‘top’

A la hora de desarrollar un nuevo medicamento, solo cinco de cada 10.000 compuestos que se investigan alcanzan la fase clínica. Y únicamente uno de ellos llegará al mercado. Pero InnoUp Farma tiene dos en la fase clínica. De modo que, si nos atenemos a la estadística, se trata de un éxito extraordinario. Tal vez por eso la prestigiosa publicación inglesa 'Pharma Boardroom' ha situado a la empresa navarra entre las diez biotecnológicas españolas a las que seguir en 2022. Y quizás también es la razón por la que su cofundadora y CEO, Maite Agüeros, ha recibido numerosos premios. Aunque ella se apresura a precisar que se trata de reconocimientos a todo el equipo de la firma.


Pamplona - 19 febrero, 2022 - 00:02

Maite Agüeros, en la sede de CEIN, que pronto dejará de ser la de su empresa. (Fotos: Maite H. Mateo)

Un tratamiento para el cáncer de mama y una vacuna contra la alergia al cacahuete son los dos compuestos que ha conseguido llevar la firma hasta la fase clínica, durante la que se hacen pruebas para saber cómo actúa el medicamento en las personas y averiguar si se trata de un fármaco seguro y eficaz. “Cuando se habla de medicamentos, muchas veces no se conoce lo que hay detrás. Las posibilidades de éxito son muy bajas y garantizar la seguridad y eficacia de cara al paciente exige un proceso con muchas exigencias, larguísimo. Podemos estar hablando de media entre diez y quince años”, explica Maite Agüeros entrecerrando los ojos, como si tratara de vislumbrar el final de ese plazo.

Ya, pero en un año, más o menos, ha sido posible desarrollar una decena de vacunas contra el Covid-19… “Es verdad, ha sido un hecho histórico, sin precedentes. ¿Dónde está la diferencia? Pues en que, debido a la pandemia, han sido muchísimos los recursos que se han invertido, ha habido financiación, apoyo de los gobiernos y trabajo de las compañías farmacéuticas. Y, por supuesto, había mucha investigación adelantada. Imaginaos lo que podría ocurrir si se destinan recursos suficientes a la ciencia. Y no hablo solo de los gobiernos, también a nivel privado como ocurre en otros países como Estados Unidos, aunque en España van apareciendo fondos que invierten en biotecnología, ciencia o salud porque a la vista está que es rentable. Vamos por el camino para que esa ciencia que tenemos, tan excelente, se traduzca en productos y tecnología al alcance de la sociedad”.

«De pequeña leía los prospectos de las medicinas con el fin de saber para qué servían. Era algo que me llamaba la atención».

 Ahí están los dos compuestos de InnoUp Farma que han alcanzado la fase clínica. Todo comenzó en la Universidad de Navarra, en el grupo de investigación que dirige Juan Manuel Irache y en torno a 2003, cuando empezaron a perfilar la tecnología que ha posibilitado su evolución. “Fueron muchos años de investigación previa, básica. Y, a partir de ahí, fuimos desarrollándolos: desde 2015 el fármaco anticanceroso y, al año siguiente, las vacunas a las alergias alimentarias. En 2019 tuvimos autorización para realizar el primer ensayo clínico y calculamos que los dos medicamentos podrían estar en el mercado en 2027”.

Hacemos cuentas. Si hasta 2027 no están comercializados los medicamentos pasan 12 años, a los que hay que sumar los que la empresa dedicó a la investigación previa. Un período que suponemos sin ingresos y con cuantiosos gastos. La pregunta es cómo se financia: “Nosotros desarrollamos los productos hasta demostrar que son seguros y eficaces en personas, es decir, en las dos primeras fases clínicas. Una vez llegados a ese punto, licenciaremos la tecnología a otra compañía farmacéutica, que se encargará de continuar con los estudios en las otras dos fases clínicas y de la comercialización. Entonces es cuando la compañía recibirá los ingresos por la venta de la tecnología, pero mientras nos financiamos básicamente con inversión privada y créditos públicos”.

La vida profesional de Maite Agüeros siempre ha estado ligada a la investigación científica.

Mientras, InnoUp Farma avanza en los trámites administrativos y burocráticos, también muy complejos. “Nuestro mercado principal es el americano, especialmente para las alergias alimentarias, y estamos iniciando las conversaciones con la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA) para obtener las autorizaciones. Estamos desarrollando una vacuna para alergia al cacahuete, pero la ventaja es que tenemos una tecnología que puede servir para tratar otras alergias alimentarias. Lo mismo ocurre con el compuesto contra el cáncer, hay muchos productos que se pueden beneficiar de esta tecnología y que van a marcar nuestro crecimiento”. Eso nos recuerda que, en una de sus intervenciones públicas, Maite Agüeros se lamentaba de la “brecha de inversión de género”. Incluso denunció que existen reticencias a la hora de financiar si son mujeres las que están al frente de las empresas, cuando el retorno es tres veces mayor. “Yo sí he conseguido financiación, pero eso es lo que dicen los datos. De la misma manera que sin ciencia no hay futuro, sin mujeres en ella tampoco”.

OTRO PAÍS FRENTE A LA VENTANA

La puesta en marcha de una biotecnológica es aún más complicada que la de otras empresas. Maite Agüeros era consciente de ello pero aceptó el reto. Quizá porque, como dijo en una ocasión, es “atrevida, aventurera y arriesgada, pero también metódica, racional y sociable”. Se ríe al recordárselo y añade que, además, tiene paciencia, perseverancia y pasión. “Haga lo que haga en cualquiera de las facetas de mi vida intento disfrutarlas”. Puede que esos rasgos de su carácter se deban al hecho de que nació en 1978 en Luzaide / Valcarlos, donde vivió hasta que cumplió diez años. “Y eso imprime carácter”, apunta con una cristalina carcajada. “Es que eso de abrir la ventana y tener otro país enfrente, con otro idioma y otra forma de pensar te hace tener una mente más abierta. Además, la libertad que disfrutas al vivir en un pueblo te hace ser más responsable”. Llegó a Pamplona para estudiar en régimen de internado. “Estar desde los diez años fuera de casa también marca porque te hace madurar, buscarte la vida y resolver situaciones”.

Sonriente, nos cuenta que de pequeña leía los prospectos de las medicinas con el fin de saber “para qué servían, era algo que me llamaba la atención”. Así que eligió Farmacia. “Y ya haciendo la carrera, me di cuenta de que lo que me gustaba era la parte más galénica, diseñar y crear los medicamentos”.

Juan Manuel Irache fue uno de sus profesores en la Universidad de Navarra y ha jugado un papel clave en su vida profesional. Le dirigió la tesis, y ella trabajó durante años en su grupo de investigación en nanotecnología. Cuando consiguieron diseñar una tecnología para desarrollar fármacos, se preguntaron qué podían hacer con ella. “No sabíamos en qué medicamentos concretos podíamos ponerla en práctica. Con ese fin nació la empresa, la fundamos Juan Manuel Irache; Manuel Rodríguez, doctor en Farmacia y con mucha experiencia en el mundo de la industria farmacéutica; y yo, que conocía muy bien la tecnología. Digamos que éramos complementarios. Además de mi perfil científico, siempre ha habido una parte empresarial dentro de mí. Cuando acabé el doctorado hice el máster en Administración y Dirección de Empresas y continué formándome en el área empresarial”.

«No quiero ni pensar en cómo estaríamos ahora sin las vacunas contra el Covid-19».

InnoUp Farma puede considerarse, por tanto, una start up de la Universidad de Navarra, con la que llegaron a un acuerdo para poder utilizar las patentes y se lanzaron a demostrar que podían obtener medicamentos seguros y eficaces “en enfermedades que no tienen cura, como la alergia al cacahuete, o para aquellas cuyos tratamientos pueden ser muy mejorables, como los tratamientos contra el cáncer”. “Todos sabemos de los efectos adversos que tiene la quimioterapia tradicional. Y, con nuestra tecnología, conseguimos reducir muy significativamente su toxicidad y a su vez mejorar su eficacia”. Esa vocación de ayuda a la salud comunitaria se muestra también en la licencia que perfila la firma, que se pondrá a disposición de laboratorios interesados en su tecnología y quieran adquirir los derechos de uso.

PREMIOS QUE DAN VISIBILIDAD

La marcha de la empresa y la relevancia de sus investigaciones han hecho que su directora haya recibido numerosos premios: Joven Empresaria 2018, Emprendedor XXI, Empresaria 2021 de Amedna/Neeze (Asociación de Mujeres Empresarias y Directivas de Navarra)… También apareció entre los líderes elegidos por este medio para ilustrar el Anuario Capital de Economía y Empresa Navarra en 2019.

“Bueno, me engañaría si pensara que no es un reconocimiento para el equipo por haber conseguido llevar a la fase clínica dos productos que tenemos muchas esperanzas en que funcionen y mejoren la calidad de vida de los pacientes. Posiblemente, en la biotecnología sea más evidente que en ningún otro sector que alguien solo no puede hacer nada. Nosotros estamos entre 40 y 50 para desarrollar estos medicamentos, hay investigadores, clínicos, financieros, expertos patentes y el área regulatoria, calidad…”. Una pequeña parte de ellos están en la plantilla de la empresa, mientras que el resto son colaboradores externos, universidades y centros de investigación. “Pueden estar en cualquier lugar del mundo, buscamos a los mejores”.

Agüeros ha conseguido numerosos premios como empresaria en los últimos años.

Pero admite que, al concedérselos a ella, los premios sirven para dar visibilidad al papel de la mujer en la ciencia. “No porque yo me considere un ejemplo de nada, sino por si mi experiencia puede inspirar a alguien, ayudar a que se realice más transferencia de tecnología, que se visibilice también el hecho de ser científicas y empresarias. Si puedo ayudar a eso, ¡adelante!”. Considera importante el premio que le entregó Amedna porque lo recibió junto a otras dos representantes del sector científico y biotecnológico. “Y hace muy pocos años era impensable algo así, eso me dio una enorme alegría”.

«Nos hemos dado cuenta de que apoyar a la ciencia es una prioridad por nuestro bien, porque así dispondremos de productos que nos solucionan la vida».

Antes de despedirnos, aprovechamos la oportunidad para preguntarle qué siente cuando oye a quienes rechazan la vacuna del Covid-19. Ahí se pone seria y asegura que siente pena. “Los hechos y los números están ahí, desde que comenzaron a inyectarse se han reducido drásticamente las muertes. Ante la evidencia, poco más hay que decir. No quiero ni pensar en cómo estaríamos sin vacunas”, comenta abriendo las manos y echándose hacia atrás en la silla, como si quisiera esquivar al coronavirus.

Pero, ¿existe el peligro de que tras la efervescencia del Covid-19, y una vez que nos haya abandonado la pandemia, volvamos a olvidarnos de las carencias de los científicos para desarrollar su trabajo? Maite Agüeros, tras poner por delante otro de los rasgos de su personalidad -“soy muy positiva”-, confía en que no suceda. “Socialmente, nos hemos dado cuenta de que apoyar a la ciencia es una prioridad por nuestro bien, porque así dispondremos de productos que nos solucionan la vida. Pero también porque es un sector que genera un retorno social y económico muy importante, puestos de trabajo de muy alta calidad y es una palanca estratégica para el crecimiento sostenible”.

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