viernes, 19 julio 2024

María Novoa se reencuentra con el Hotel El Mirador de Ulzama

Creció en un pequeño pueblo de Ourense. Gran aficionada a las películas de Indiana Jones, durante un tiempo pensó en dedicarse a la Historia o la Arqueología. Pero el mundo tenía otros planes para ella. Primero adquirió experiencia en hoteles británicos, Marina d’Or y el Zenit de Pamplona hasta que, en 2010, fichó como jefa de recepción y subdirectora por el Hotel El Mirador de Ulzama, que cerró sus puertas en 2013. Tras la compra del establecimiento por parte del Grupo Thius, que fue adelantada por Navarra Capital, Novoa ha regresado al hotel como directora. "Los clientes vienen aquí a desconectar, descansar y a encontrarse a sí mismos", apunta.


Pamplona - 14 junio, 2024 - 11:45

María Novoa, gallega de nacimiento, afronta su segunda etapa en el Hotel El Mirador de Ulzama. (Fotos: Sergio Martín)

Un paisaje verde, un clima cambiante y la certeza de que la vida le deparaba un futuro incierto, pero feliz. La infancia de María Novoa, directora del Hotel El Mirador de Ulzama, transcurrió así, entre esas tres variables. Un pequeño pueblo de Orense, donde nació y creció, fue el escenario principal de infinitos juegos en los que corría de aquí para allá luciendo una sonrisa brillante. «Mi niñez fue muy divertida y muy bonita», suspira con nostalgia tras mencionar que pasaba horas en la calle jugando al escondite y al pilla-pilla. Entre risas (y algún que otro llanto cuando sus rodillas aterrizaban en el suelo), se divertía junto a sus amigos enseñando a unos y a otros a montar en bicicleta. «Muchas veces nos caíamos en ortigas y zarzas. ¡Crecimos medio asilvestrados!», bromea.

Cuando la lluvia acechaba o prefería pasar una tarde tranquila, se acurrucaba en el sofá y encendía la televisión. Entonces, muy atenta a cada escena, se preparaba para disfrutar de uno de sus planes favoritos: contemplar las intrépidas aventuras de Indiana Jones. Algo en su interior le decía que, de mayor, sería historiadora o arqueóloga. «Siempre he pensado que, para conocernos a nosotros mismos, hay que conocer el pasado», subraya. De hecho, en el colegio permanecía absorta en sus pensamientos al pasar las páginas del libro de Historia y observar las ilustraciones. «¿Quiénes eran aquellas personas? ¿Cómo vivían? ¿Qué comían? ¿Qué les sucedió?», se preguntaba una y otra vez.

Sin embargo, lejos de formarse en Historia o Arqueología, finalmente se decantó por estudiar Turismo en la Universidad de La Coruña, formación que más tarde amplió con un Máster en Gestión y Dirección de Empresas Turísticas. Recuerda la etapa universitaria con especial cariño, pues allí el mar se convirtió en un «elemento fundamental» para ella. «Estudiábamos con vistas a la playa. Ver el oleaje y sentir el aroma a sal me calma mucho», relata para acto seguido remarcar que, en cuanto dispone de tiempo libre, se marcha a San Sebastián y pasea por la playa. «¡Me pilla más cerca que Galicia!», añade entre carcajadas.

DE REINO UNIDO A MARINA D’OR Y NAVARRA

Tras realizar unas prácticas en la agencia de viajes Barceló, en Orense, decidió ver mundo y marcharse al extranjero. Londres fue el destino que eligió. «Quería fortalecer los idiomas, pero allí me junté con personas que también hablaban castellano, así que no lo cumplí demasiado», señala. Así, nuestra protagonista aprovechó su estancia en la capital británica para explorar todos los museos: «¡Me conocí el British Museum de pe a pa!».

«Siempre he pensado que, para conocernos a nosotros mismos, hay que conocer el pasado»

Al año siguiente, optó por descubrir Cumbria y Mánchester, trabajando como house keeper, camarera y recepcionista en diversos hoteles. Pero necesitaba cambiar de aires. Y, entonces, regresó a España.

El complejo hotelero Marina d’Or, ubicado en el municipio castellonense de Oropesa del Mar, inauguró el Hotel Gran Duque. Y María fichó en recepción. «Venía de un entorno reducido, de estar en hoteles pequeños, y de repente era todo gigante, había más de seiscientas habitaciones», narra todavía asombrada. Lo cierto es que aquel verano de 2007 decidió dos cosas: la primera, que no repetiría aquella experiencia. La segunda, que regresaría a Mánchester. Sin embargo, sus planes se truncaron por una bonita casualidad. 

Enamorada del mar, se encontraba paseando por la playa cuando, de pronto, un hombre se aproximó a ella. «Me preguntó si tenía mechero, y le dije que no fumaba. ‘Yo tampoco’, me respondió él. Nos pasamos el día entero hablando, incluso comimos juntos. Unos años más tarde nos casamos», rememora con ternura. Natural de Pamplona, Pablo modificó el rumbo de nuestra invitada, y ambos se trasladaron a la Comunidad foral, donde fichó por el Hotel Zenit de Pamplona como recepcionista.

‘EQUIVALENZA’, LA EMPRESA DE PERFUMES

Marzo de 2010. Este también fue un mes especial para nuestra protagonista que, de pronto, nos confiesa que tiene muy buena memoria para recordar fechas. «Comencé a trabajar como jefa de recepción y subdirectora de este hotel, El Mirador de Ulzama. Conocí a Roberto Fuertes, el gerente del Grupo Sanvirila. Él fue mi maestro, aprendí muchísimo», apunta.

Pero, lamentablemente, el Hotel El Mirador de Ulzama cerró sus puertas. Y María se embarcó en una nueva aventura: «Junto a mis cuñados, montamos Equivalenza en Pamplona como franquiciadores. Nos juntamos entre todos, pusimos capital y el proyecto se puso en marcha». En concreto, la firma ofrece fragancias low cost con frascos reutilizables, y esta idea le cautivó. De hecho, fueron los primeros en instaurar tiendas de la marca en Navarra. «Llegamos a sumar cinco, ahora solamente tenemos una en La Morea y otra en la calle del Pozo Blanco, en el Casco Viejo», declara.

Creció en un pueblo de Ourense. Aficionada a las películas de Indiana Jones, pensó en dedicarse a la Historia o a la Arqueología.

Creció en un pueblo de Orense. Aficionada a las películas de Indiana Jones, pensó en dedicarse a la Historia o a la Arqueología.

Aquellos años fueron también especiales por el nacimiento de sus hijas, Emma y Anne. De pronto, se topó con una original iniciativa que rápidamente captó su atención. «Encontré Mamis Digitales, una empresa que ofrece formación online a madres para que se conviertan en community managers y puedan trabajar desde el móvil», detalla.

El objetivo consistía en teletrabajar en el ámbito de las redes sociales para poder conciliar la vida profesional con el cuidado de los niños. Ahora, a raíz de la expansión de la firma a Estados Unidos, nuestra protagonista forma parte del equipo de traducción y se encarga de transcribir las formaciones que se llevan a cabo.

EL REGRESO AL HOTEL

Pero, en medio de todo este vaivén, María tenía el presentimiento de que, en algún momento, volvería a la hostelería. Y así fue. El año 2023 también supone una fecha especial para ella, pues una llamada de teléfono lo cambió todo. De pronto, tras más de una década cerrado, el Hotel El Mirador de Ulzama volvía a abrir sus puertas.

Tal y como adelantó Navarra Capital, el Grupo Thius, especializado en la gestión de hoteles boutique, adquirió el establecimiento y se preparó para comenzar a operar el pasado noviembre. Así, la firma suma ya cuatro centros, con Tío Kiko, de veintisiete habitaciones, y La Almendra y el Gitano, de diez, ambos ubicados en Agua Amarga (Almería); y Villa Ciclón, de diez habitaciones, situada en Cabo Roig (Alicante).

Carlos Vogeler y Jorge García-Palencia, fundadores de la firma, contactaron con nuestra invitada para conocer cómo era el funcionamiento del hotel anteriormente. «Actué de canal, de nexo, entre ellos y todos los gremios que estaban por aquí. Mantenimiento, jardinería… Al final, me preguntaron si quería quedarme», rememora. Tras entonar el «sí», ocupó el cargo de directora del hotel. Feliz, a sus 45 años remarca que le ilusionaba la idea de verlo crecer de nuevo, «desde cero».

«Antes, el jardín era un bosque descuidado. Tuvimos que arreglarlo, limpiar todo, montar muebles… Ahora el entorno emana paz. Solamente se oyen pájaros y ovejas»

Antes de su apertura, nuestra protagonista solía pasear por la localidad de Urritzola-Galain y acercarse al establecimiento para contemplarlo en silencio. «Estaba completamente cerrado, con el suelo levantado y el jardín fatal. Me daba mucha pena», evoca cabizbaja. Ahora, sin embargo, la elegancia colma el lugar. La combinación del blanco y la madera hacen del hotel, que luce cuatro estrellas, un rincón especial. «Venid conmigo, que os enseño la terraza», sugiere emocionada. Seguimos sus pasos hasta el salón-mirador, donde una agradable sensación de paz se adueña de nuestro interior, pues la luz se cuela por los grandes ventanales e ilumina con encanto la estancia. Tras abrir una puerta, nos invita a conocer el exterior de las instalaciones. El paisaje, verde e infinito, se extiende frente a nosotros. A lo lejos, un par de vacas pastan con sosiego. «Antes, el jardín era un bosque descuidado. Tuvimos que arreglarlo, limpiarlo todo, montar muebles… Trabajé codo a codo con Carlos y Jorge. Ahora el entorno emana paz. Solamente se oyen pájaros y ovejas», expresa.

CLIENTES QUE BUSCAN «DESCONECTAR»

Con una superficie total de 2.400 metros cuadrados y enclavado muy cerca del bosque de Orgi y el Club de Golf Ulzama, cuenta con veintisiete habitaciones, de las cuales cinco son suites (estas tienen bañera de hidromasaje); un spa de 150 metros cuadrados, con dos piscinas y baño turco; servicio de masajes; un salón de eventos, donde se pueden organizar bodas y comuniones; restaurante y cafetería. «Los clientes vienen aquí a desconectar, descansar y a encontrarse a sí mismos», resalta nuestra invitada para acto seguido enfatizar que la mayoría de ellos son golfistas o parejas jóvenes que vienen de lugares como el País Vasco, Francia, Pamplona, Cataluña o Madrid.

Lo cierto es que el pasado mayo, el hotel alcanzó muy buenas cifras de ocupación, con un 90 % el segundo fin de semana de mayo, pues los días 8 y 9 fueron festivos en Francia. También el puente de diciembre fue una fecha positiva, con un 90 %, y Semana Santa, con un 70 %. De cara a julio y agosto, María se encuentra expectante: «Es nuestro primer verano y tenemos que estar atentos para saber cómo va a ir. De momento, la primera de agosto registran un 75 % de ocupación. Queremos que funcione el boca a boca y que la gente repita».

«Después de la pandemia, la gente busca estar al aire libre y disfrutar del entorno», asegura nuestra protagonista mientras contempla el paisaje. «Me encanta estar aquí, crecí en un pueblo parecido a este», suspira recordando su querido Orense. A pesar de que el acento parece haberse desprendido de su voz, reconoce, entre risas, que Galicia siempre formará parte de ella: «A mis hijas les hablo en gallego. Eso es algo que nunca voy a perder».


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