La Hostería del Temple, bar-restaurante ubicado en la calle Curia de Pamplona, ha sido traspasada a una familia china tras más de 60 años de actividad. Este histórico establecimiento del Casco Viejo estaba a la venta desde febrero de 2024 porque Maite Fernández, segunda generación y ya exgerente, iba a jubilarse este año y carecía de relevo generacional.
El local levantó la persiana en 1965. Luis Fernández y Mercedes Santa Cruz estuvieron al frente durante décadas hasta que sus seis hijos (Ángel, Vitori, Clara, Manuel, Carlos y la propia Maite) cogieron las riendas del negocio familiar. Maite era la única de los hermanos que aún seguía trabajando en el bar-restaurante, decorado con su característico estilo medieval.
Ahora, el establecimiento ha pasado a manos de Teresa y su hija María, que residen en la capital navarra desde hace más de una década. Los nuevos dueños, cuya familia gestiona otros negocios hosteleros en la capital navarra, conservarán la esencia gastronómica que ha caracterizado siempre a la hostería: comida casera, tradicional y de temporada como la menestra, el revueltos de hongos, las alubias rojas con sacramentos, el rabo de toro estofado, el cordero al chilindrón, las carrilleras de ternera al vino tinto, el ajoarriero, la merluza a la koxkera…
También seguirán elaborando postres clásicos (cuajada, pantxineta, torrijas, leche frita o queso con membrillo) y sus afamados fritos. De todos ellos, sobresale el de huevo, llamado popularmente ‘moscovita’. Este frito, cuyo nombre es un guiño a un antiguo cliente a quien le gustaba hablar en ruso, fue creado por los fundadores y se prepara a base de huevo duro cocido, jamón serrano, queso Emmental, aceite de oliva y cobertura de masa orly (huevos, levadura, harina, sifón, sal y aceite de oliva). Además, los nuevos gestores, que cogieron las riendas de la hostería la semana pasada, mantienen la misma plantilla de camareros y cocineros.
OTROS TRASPASOS
El traspaso de la Hostelería del Temple a empresarios de origen chino no es un caso aislado. Más bien todo lo contrario. De hecho, al menos una docena de bares y restaurantes del Casco Viejo han pasado a manos de emprendedores del país asiático. La última operación en este sentido se produjo en un local con una identidad muy singular. Miguel Ángel Jiménez, fundador y propietario del Qwerty, bar-restaurante ubicado en la calle Mercaderes, dejó el proyecto en octubre de 2025 tras dieciséis años detrás de la barra. Y fue Wu Jianrong quien cogió el testigo junto a su hermana para gestionarlo en régimen de alquiler.
Además, Javier Sebastián y Noelia Vega, propietarios de las Bodegas Aralar, traspasaron este negocio del Ensanche a un matrimonio chino a finales de abril. Y, en la misma línea, el Asador Etxea relevó en enero al restaurante Vicenza, especializado en gastronomía italiana. Ubicado entre la calle Adela Bazo de Lezkairu y la plaza Lakuondo de Mutilva, al frente está Gu Shen, un emprendedor de 31 años.
Ese mismo mes, Bing Bing y Dong Liang abrieron la marisquería Duo Bistro en la calle La Veleta de Ripagaina. La pareja también regenta el Saturnian, que cuenta con locales en Ripagaina y Lezkairu, y Dong es igualmente socio de La Venus en Mutilva.












